Periodistas como blanco
Ayer la Policía Nacional dio un paso más hacia el lado oscuro. Uno muy peligroso. Al tiempo que el grueso de antimotines reprimía a un grupo de opositores que demandan elecciones sin fraude, como si eso fuese delito, algunos agentes se dedicaron a quebrar a garrotazo limpio el equipo de trabajo a los periodistas de medios independientes que cubrían el hecho. Si ya es malo que la Policía criminalice el derecho a protestar que tienen los ciudadanos, más grave aún que ahora haya convertido en delito el ejercicio periodístico.
Testigos incómodos
Primero les quitaron los derechos a los ciudadanos. Se volvió un delito protestar, reclamar derechos aunque estén en la ley, votar se puede, pero pedir que cuenten el voto es peligroso, se encarceló a ciudadanos sin proceso ni ley. No hubo institución ni poder independiente que diera su cara por quienes protestaron por ello. Solo los organismos de derechos humanos los defendieron, y algunos medios de comunicación informaron sobre esas violaciones. Entonces, ser defensor de derechos humanos se volvió sospechoso. Les cerraron las puertas y deportaron a los que pudieron. Pero, el monstruo autoritario es insaciable. Ahora criminalizan la cobertura periodística. No quieren ciudadanos reclamando derechos, y si los hay, que no haya defensores de derechos humanos que peleen por ellos, y si hay quien proteste y quien defienda a los que protestan, pues que no haya testigos incómodos que cuenten como los reprimen.
Batallas
Vienen días difíciles. Los políticos opositores por fin se dieron cuenta que la lucha no es “candidato opositor” versus Daniel Ortega, porque ahí solo se ganan algunos curules y mucho lodo encima, sino que la verdadera batalla es entre “elecciones libres y transparentes” y “el fraude”, que es donde se juega la democracia en Nicaragua. Es tiempo de definiciones. A un lado, están los que defienden el fraude, con Daniel Ortega y Roberto Rivas a la cabeza, incluyendo partidos zancudos, la observación ciega y las encuestas a la medida; y del otro, todos los que creemos que Nicaragua puede volver a ser República: partidos opositores que se respeten, medios de comunicación independientes, defensores de los derechos humanos, organismos de la sociedad civil… ¿La iglesia? ¿La empresa privada? ¿A qué lado está usted?
Dados cargados
Ir a elecciones en estas condiciones, con este tribunal electoral, es como participar en una apuesta de dados cargados, donde los dados alterados son el CSE y la mano que los tira, Daniel Ortega. Siempre caerán tal como él quiera. Nadie puede ganarle. ¿Alguien le haya algún sentido a jugar así?
Magia
A ver la operación es sencilla: si ahora se gastan trescientos millones de dólares menos en petróleo que el año pasado para producir la misma cantidad de combustible, pero este combustible en lugar de bajar su precio a como ha sucedido en todos los países del mundo, se vende al mismo precio de hace un año, ¿a dónde se están quedando esos trescientos millones de dólares? No pueden desaparecer por arte de magia. Las explicaciones que están dando las petroleras ofenden la inteligencia: que se compró petróleo cuando estaba caro y no se ha salido de inventario, que los costos para Nicaragua son mayores, y la más estúpida de todas: ¡que el petróleo no es tan importante para establecer el precio del combustible! Si ese dinero se distribuyera entre cada nicaragüense nos tocaría a cincuenta dólares por cabeza ¡de recién nacido para arriba! o unos ocho mil córdobas en una familia promedio de cinco miembros. Es buen dinero. Y es nuestro.
Operación retorno
No hay tal magia. Para explicar el truco de cómo nos sacan ese dinero del bolsillo hay que recodar una historia de hace seis años. En el 2009 el gobierno de Daniel Ortega emprendió lo que bautizaron como “operación retorno”, que era quitarle a un consorcio suizo la red de distribución de combustible estatal que Arnoldo Alemán alegremente les había alquilado. Un negocio millonario. Todo el Estado se enfocó en rescatar las gasolineras de Petronic a los suizos en lo que parecía ser un gesto muy patriótico, salvo que, en el último momento, en lugar de “retornar” al Estado, Daniel Ortega se quedó con el mandado a través de Caruna y una empresa que inventaron para la ocasión. Ahora es Daniel Ortega quien importa el petróleo que consume Nicaragua, el que distribuye el combustible, y el que se queda con el dinero de la rebaja. ¿Qué les parece?
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