Querida Nicaragua: Pocos países como el nuestro tienen la capacidad de inventar nombres y congregaciones políticas cada vez que se acercan las justas electorales. En un afán incontrolable de participar de alguna manera en política, forman grupos, movimientos, coaliciones, unidades, cofradías, asociaciones democráticas, uniones republicanas y todos firman un comunicado, publicándolo luego en una reunión a la que han convocado a los periodistas para dar el primer golpe publicitario. Muchos de estos amagos de participación duran unos cuantos meses y luego duermen el sueño de los justos.
Es curioso. Si se examinan a fondo todos los comunicados emitidos por diferentes grupos desde hace años, uno encuentra que dicen lo mismo y hasta con las mismas palabras. En cada reunión vamos escuchando por lo general las mismas demandas. Y más curioso aún, todos hablamos de unidad, unidad para luchar en contra de las dictaduras y tiranías que hemos padecido, pero ninguno de los grupos formados es capaz de renunciar a sus pretensiones de participación en cargos públicos en el nuevo gobierno, todos van interesados en una diputación, en una Alcaldía, en cargos públicos importantes o no, pero cargos públicos al fin.
Si fuéramos verdaderos patriotas uniríamos todos los grupos existentes, apartando ciertas fichas negras o frutas podridas que podrían contagiar a las demás, y con un solo grito de protesta uniríamos al pueblo entero tal como lo están haciendo algunos países que actualmente sufren dictaduras.
Los partidos pequeños, los nuevos movimientos que en realidad, algunos de ellos son muy valiosos y tienen mucho vigor, deberían hacer un esfuerzo y pensar que una lucha de grupos divididos solo conduce a la consolidación de las dictaduras en el poder. Si seguimos desunidos como hasta ahora no esperemos nada bueno para el futuro. Esperemos lo único que puede esperar una oposición dividida: un Ortega for ever.
Ya vimos hace pocos días cómo la Policía Nacional (orteguista) hizo su entrada en la celebración del natalicio del comandante Carlos Fonseca Amador gritando consignas a favor de “comandante Daniel presidente”. Una prueba más de que la Policía no obedece a la Constitución sino que a la familia presidencial.
La historia nos ha enseñado que los gobiernos dictatoriales solo pueden ser derrotados con guerras civiles. Eso fue cierto en un pasado que ni siquiera debemos recordar por su costo en vidas humanas, sufrimientos, angustias, desgracias, lisiados de guerra y miles de miserias. No podemos repetir historias del pasado que todavía estamos sufriendo.
Lo único que nos hace falta es una estrategia unitaria en la cual los grupos pequeños y grandes sean capaces de ceder en algo para lograr el objetivo final. Este objetivo pasa primero por exigir que se cumpla con la Ley Electoral, que se cambien magistrados por gente no contaminada, que se haga una revisión completa del padrón electoral en el que todavía aparece gente que se han ido al extranjero, niños menores de edad, personas que descansan en los cementerios, etc. Igualmente que se forme cuanto antes un Instituto de Cedulación que maneje con honradez la entrega de cédulas a los ciudadanos y que esta cueste no más de cincuenta córdobas. En fin que se cambie el engranaje podrido de todo ese personal que falsifica boletas para que gane el partido orteguista y que no enseña esas boletas a los observadores internacionales porque estarían enseñando el escandaloso fraude que hacen en cada elección.
Esta es la lucha amigos míos. Y solo puede hacerse con unidad, unidad de todos, presión de todos, reclamo de los derechos de todos nosotros. No seamos borregos ni nos dejemos poner el yugo que les ponen a los bueyes.
Esta no es una lucha dura ni sacrificada, es una lucha noble por la patria, es renunciar a cosas que hoy no tenemos pero que podemos recuperar. Solo necesitamos ser hermanos y amar con pasión la tierra que Dios nos dio.
El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la presidencia de la República en 2011.
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