La vida de los sanjuaneños y de los juigalpinos cambió para bien cuando hace unos pocos años estas dos poblaciones comenzaron a beber agua del Lago de Nicaragua, o nuestra mar dulce, a como le llamó Gil González al comprobar que su caballo bebió el agua en la costa y que aquella inmensidad ante sus ojos no era el océano, sino un mar de agua dulce.
Cuando había agua en San Juan del Sur era un agua pesada de pozo, muy alcalina, a como la que sale en casi todos los pozos del istmo de Rivas, aún en aquellos que colindan con el lago. Además, los pozos se secaban en el verano y el bombeo era cada vez más difícil.
En las pedregosas montañas de Chontales poca agua se podía encontrar ya fuera en la superficie del río Pirre o extrayéndola de pozos subterráneos, el problema del agua en Juigalpa tenía ribetes históricos.
Todo esto cambió un 4 de febrero del 2010 cuando el agua del Cocibolca comenzó a ser bombeada desde Puerto Díaz hacia la planta de tratamiento “Ahmed Campos Correa” que se inauguró ese día con capacidad de procesar 180 litros por segundo, más de 100,000 habitantes fueron beneficiados con un abastecimiento seguro y de calidad.
Un proyecto similar, financiado por la Cooperación Española, comenzó a bombear agua del Cocibolca en mayo del 2011, hacia una planta de tratamiento ubicada en La Virgen y de allí una vez tratada, es bombeada hacia la turística ciudad de San Juan del Sur, beneficiando a sus más de 16,000 pobladores permanentes y muchos miles más que concurren en las temporadas veraniegas.
En San Carlos, cabecera del departamento de Río San Juan, sus pobladores sueñan con una solución final al problema de la falta de agua potable, trayendo el agua de nuestra mar dulce a una planta de tratamiento, a como se logró llevar el agua a San Juan del Sur y Juigalpa.
Vale decir que el agua del Cocibolca es de una excelente calidad, con un PH mínimo de 7.5 y 8.3 máximo con 7.95 de promedio. Lo único que requiere antes de ser potabilizada para ser consumida por el ser humano es un proceso de tratamiento para decantar los sólidos en suspensión y agregar un poco de cloro a como se requieren tratar las aguas de otras fuentes en todas las ciudades del mundo.
Hoy la población de San Juan del Sur y Juigalpa cuentan con agua de calidad y cantidad ilimitada. El jabón sale con facilidad, no como el agua de pozos, que era muy alcalina y cuando uno se bañaba el jabón no hacía espuma.
Con estos dos ejemplos, otras ciudades de la gran cuenca del Cocibolca, que hoy carecen del vital líquido o tienen serios problemas de abastecimiento en el verano, como Rivas, San Carlos, Boaco, Granada y Tipitapa y la misma Managua, podrían beneficiarse si este gigantesco reservorio de agua potable no es echado a perder por un dragado de proporciones nunca antes vistas en la historia, impulsado por ambiciones de similares proporciones.
El proyecto de usar el agua del Cocibolca para tomar, para calmar la sed de los nicaragüenses, cobra aún mayor relevancia tras las campanadas de alerta que nos manda la naturaleza con el cambio climático, cuando los pozos y ríos se han secado. Esto implica, que la riqueza de nuestro lago, ya sea como fuente de agua para el consumo humano, o para irrigar nuestras fértiles tierras, tenga mayor plusvalía con cada año que pasa.
A pesar de las sequías que hemos experimentado en años recientes causadas por el fenómeno de El Niño y el cambio climático global, el Cocibolca es generoso y con poco tiene para recuperar y mantener sus niveles históricos, en dependencia de los ciclos que pueden hacer que por unos años experimente crecidas y en otros bajas de sus cotas históricas.
Cada nicaragüense, cada uno de nosotros, comenzando por el presidente, estamos obligados a cuidar este recurso, utilizándolo para fines que no pongan en peligro la posibilidad de que un día tomemos de sus aguas y la exportemos en botellitas plásticas para calmar la sed de nuestros hermanos centroamericanos.
El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI y Presidente de la Comisión de Turismo
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