Querida Nicaragua: Este Gobierno se propagandiza como cristiano, socialista y solidario. En los rótulos y papelería eso ve el ciudadano. Dirija la mirada en cualquier calle de Managua o en carreteras y en muchos pueblos pequeños o grandes y verá usted el rostro de don Daniel haciendo un esfuerzo por sonreír y el mensaje del cristianismo, socialismo y solidarismo usado en diferentes formas.
También son frases preferidas de la primera dama en sus intervenciones frecuentes por las televisoras oficialistas. Casi se podría decir que la primera dama es la pregonera del amor en cada uno de sus mensajes.
Y eso estaría muy bien si fuera un mensaje real, un mensaje que tuviera sustento en la vida real. Porque las palabras deben ser acompañadas con hechos, con testimonios vivos para que puedan tener credibilidad. Es decir, si se pregona el amor, hay que amar, sobre todo al prójimo, al que tenemos más cerca de nosotros, a nuestros hijos, a nuestra familia, a nuestro prójimo más cercano, y si queremos ser cristianos de verdad, seguidores de la doctrina de Cristo Nuestro Señor, debemos inclusive amar a nuestros adversarios, orar por nuestros enemigos y perdonar las ofensas que de ellos recibimos.
Alguien me decía en un círculo de reflexión, que este Gobierno no es ni cristiano, ni socialista, ni solidario. No es cristiano porque manda a sus turbas a agredir a sus adversarios políticos que apoyan causas nobles como la de los ancianos que reclaman su pensión. Eso no es cristianismo porque el cristianismo no es odio y garrote, sino que es amor y tolerancia. Este Gobierno pregona cristianismo y amor para su pueblo, pero nos preguntamos ¿cómo puede amar a su pueblo un gobierno que hostiga y persigue a quienes no piensan como él? Está más claro que el agua. El cristianismo que pregona este gobierno termina cuando persigue a su propia familia. De cristianismo pues, este Gobierno no tiene nada.
Tampoco este Gobierno puede llamarse socialista porque el socialismo supone un trato igualitario para todos, y eso aquí no existe. Aquí se trata con guantes de seda a los partidarios del Gobierno, (y eso cuando se portan bien) y a garrotazo limpio a quienes se oponen a él. No puede ser socialista un gobierno que tiene polarizada a la población. Una enorme mayoría opositora es discriminada y hostigada y eso no es socialismo, eso más bien es una especie de fascismo, totalitarismo, dictadura que poco a poco se vuelve tiranía. De manera que tampoco puede jactarse este Gobierno de ser socialista. No es cierto que sea cristiano ni que sea socialista.
Tampoco es solidario con su pueblo. Es solidario con Venezuela, Ecuador, Cuba, Bolivia y con todos aquellos terroristas internacionales a quienes les extiende pasaporte y les da asilo en Nicaragua. La solidaridad es otra cosa. Es sentir el dolor del pueblo sin pensar en que sea de uno u otro partido. Es tratar a todos los ciudadanos con el mismo rasero de la ley, no aplicarles la pena máxima a los adversarios y la mínima a los correligionarios. Eso no es solidaridad, eso es amiguismo, es discriminación, es abuso e intolerancia.
Sería bueno que el Gobierno evitara hablar de amor porque no tiene amor por su pueblo. Hay mil cosas que decir sin necesidad de estar pregonando lo que no siente y no se vive. Los especialistas en publicidad saben muy bien que las mentiras publicitarias repetidas no siempre se convierten en verdades como afirmaba Joseph Goebbels, mano derecha de Hitler. En este caso el “cristiano, socialista y solidario” no podrá convertirse en verdad por mucho que lo repitan los genios de la publicidad gubernamental. Lo que producen los anuncios en mención es ciertos acres comentarios de la población. Es mejor que el Gobierno comience a ser c
ristiano de verdad, socialista de verdad y solidario de verdad.
El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la presidencia de la República en 2011.
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