Continuando con los jóvenes y el sexo, me he tomado la libertad de copiarle a ustedes esta semana algunos párrafos del libro Desde la Otra Orilla, de Martín Descalzo, que me parecen estupendos. Espero les guste.
“Cuando estos días veo la famosa campaña publicitaria de los preservativos no puedo menos de acordarme de la vieja chupeta, que fue la panacea universal de nuestra infancia. ¿Que el niño tenía hambre porque su madre se había retrasado o despistado? Pues ahí estaba la chupeta salvadora para engatusar al pequeño y pararle el berrinche. ¿Que el niño tenía mojado el ? Pues chupeta al canto. No se resolvían los problemas, pero al menos por unos minutos se tranquilizaba al pequeño”.
“Era la educación ‘evita-riesgos’. Porque no se trataba, claro, solo de la chupeta. Era un modo cómodo de entender la tarea educativa. Su meta no era formar hombres, sino tratar de retrasar o evitar los problemas. Y así nos educaban en una refrigeradora, bastante fuera de la realidad. Con lo que hicieron doblemente dura nuestra juventud o nuestra primera hombría, obligándonos a resolver, entonces, lo que debió quedar iluminado o resuelto en las curvas de nuestra adolescencia”.
“Ocultar el dolor puede ser una salida cómoda para el educador y también para el educando, pero a la larga, siempre es una salida negativa. Los tubos de escape no son educación.
Y esto me parece que estamos haciendo ahora con la educación sexual de los jóvenes.
Después de muchos años de hablar del déficit educativo en ese campo, salimos ahora diciendo la verdad: que la única educación del sexo que se nos ocurre es evitar las consecuencias de su uso desordenado.
Si fuéramos verdaderamente sinceros, en estos días presentaríamos así la campaña de los anticonceptivos: saldría en pantalla el ministro o la ministra del ramo y diría: “Queridos jóvenes: como estamos convencidos de que todos ustedes son unos cobardes, incapaces de controlar sus propios cuerpos; como, además, estamos convencidos de que ni nosotros ni todos los educadores juntos seremos capaces de formarlos en este terreno, hemos pensado que ya que no se nos ocurre nada positivo que hacer en ese campo, lo que sí podemos es darles un tubo de escape para que puedan usar de sus cuerpos, ya que no con dignidad, al menos sin demasiados riesgos”.
“Efectivamente: no hay, mayor confesión de fracaso de la educación que esta campaña de darles nuevas chupetas a los jóvenes”.
Y yo agregaría que no solo en el campo sexual estamos dándoles chupetas a los jóvenes. Abundan los casos en que un padre mima y le da a sus hijos todo lo que estos le pidan con la excusa de que no quieren que padezcan la carencia que ellos sufrieron cuando niños.
Curioso, que esas carencias fueron precisamente las que en muchos aspectos los hicieron hombres (o mujeres) fuertes y de valía, que les hicieron poder luchar con tenacidad, constancia y sacrificio por lo que aspiraban en la vida, pero que ahora, por conseguirles todas esas cosas no les dan lo que realmente ellos necesitan, lo que más les va a servir para su estabilidad emocional y seguridad en ellos mismos, que es su presencia en el hogar, su compañerismo y su tiempo.
Si no, pregúntenle a ellos que es lo que más quisieran y verán que es a ellos mismos a quienes quisieran, a tener un padre (y ahora cada vez en mayor grado que también las mujeres tienen que trabajar fuera del hogar, el tener una madre).
EL AUTOR ES COORDINADOR DE LA CIUDAD DE DIOS
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