DILEMA
Con cinco años de retraso, los partidos de oposición están pensando si deben participar o no en estas elecciones. ¿Hay posibilidades de que se cuenten los votos? ¿Se puede hacer la lucha desde adentro con las reglas que Ortega impone? ¿Sirve de algo tener los diputados que Ortega asigne? ¿Se puede defender el voto ante la maquinaria del fraude? ¡Todas esas preguntas ya estaban contestadas hace cinco años! Se hicieron los tontos. Para que no digan otra vez que no sabían, déjenme recordarles cuál es la ley electoral no escrita de Ortega.
MISIÓN Y VISIÓN
En primer lugar se debe reconocer que no existe tribunal electoral. Lo que existe desde el 2008 hasta ahora es un órgano del partido Frente Sandinista que se dice llamar “Consejo Supremo Electoral”, que usa los recursos y la autoridad que le da el Estado para “organizar, dirigir y supervisar” las votaciones que conduzcan a mantener al Frente Sandinista a cargo del gobierno en Nicaragua, por los medios que sean necesarios.
VERDAD SUPREMA
La prueba final de cualquier triunfo electoral reside única y exclusivamente en la palabra de don Roberto Rivas Reyes. Lo que de su boca salga no necesita pruebas que lo demuestren. Es la Ley. No importa que las cuentas no cuadren, no importa que la palabra de este señor valga menos que la suela de su zapato, no importa que no se hayan contado los votos, el resultado electoral será lo que con su ronca voz y sardónica sonrisa anuncie esa madrugada.
PARTIDOS CAREADORAS
Solo pueden participar en las elecciones los partidos políticos diferentes al Frente Sandinista que cumplan con los siguientes requisitos: 1) Agradecidos con el Frente Sandinista por permitirles existir; 2) dispuestos a aceptar lo que el comandante Ortega tenga a bien asignarles; y 3), tal vez el más importante, que en ningún caso puedan disputarle el poder al Frente Sandinista. En todo momento deben recordar que son careadoras y no gallos de pelea.
DE FISCALES Y MIEMBROS DE MESA
Durante las votaciones, el Frente Sandinista, en su magnánima generosidad, proporcionará a los demás partidos los miembros de mesa y fiscales que necesiten para que supervisen y se aseguren que la elección se realice tal cual fue planeada en cumplimiento estricto de las metas proyectadas. Si algún partido deseara colocar sus propios fiscales o miembros de juntas receptoras y centros de votación, deberá sujetarse a lo que la ley (la que vale) establece, o lo que es lo mismo, a lo que el Frente Sandinista diga.
DIPUTACIONES Y ALCALDÍAS
Después de las votaciones, y cuando por pudor el Frente Sandinista no quiera ganar con el cien por ciento de los votos, los otros partidos que consigan algunos cargos como alcaldes, diputados y concejales deberán recodar siempre que fueron conseguidos por asignación y, por lo tanto, le pertenecen al Frente Sandinista, el cual podrá quitárselos sin apego a ley alguna y en el momento que le ronque la gana para entregárselos a quien él estime conveniente.
PÉRDIDAS DE PERSONERÍA
En caso de que alguno de los partidos aceptados agarre la vara y crea que puede salirse de estas reglas, jugar juego propio, y hasta creer que por algún golpe de popularidad puede disputarle el poder al Frente Sandinista, siempre tendrá, por si las moscas, una espada lista a cortarle el pescuezo. La honorable Corte Suprema de Justicia, o si fuese necesario el llamado Consejo Supremo Electoral, se encargarán de quitarles su personería y mandarlos a echar pulgas a otro lado. Solo zancudos se permiten.
ZANCUDEO
Todo esto se sabía hace cinco años. Con el cuento que podían recuperar la legitimidad aún con estas reglas, algunos partidos se tiraron al zancudeo. Así que no pueden venir otra vez con la duda existencial de que si van o no van, o que no saben a lo que van. No nos hagamos. El dilema está entre enfrentar al poder y sentir represión, acoso empresarial, cárcel y agresiones o zancudear con algunos curules donde dormitarán tranquilos los próximos cinco años, recibirán un buen salario, algunos libres de impuestos y varias oportunidades de negocios. ¿Qué decidirán? Está difícil. ¿Verdad?
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