Buscan vida en la basura

Entre basura y oleadas de moscas, 36 familias recolectoras conviven en un ambiente donde el sol abrasador o la lluvia incesante deteriora su salud. En el vertedero Los Pinos, Jinotega, buscan entre los desperdicios algo que les sirva para mejorar un poco su vida.

Entre basura y oleadas de moscas, 36 familias recolectoras conviven en un ambiente donde el sol abrasador o la lluvia incesante deteriora su salud. En el vertedero Los Pinos, Jinotega, buscan entre los desperdicios algo que les sirva para mejorar un poco su vida.

Son 66 niños de todas las edades. La mayoría crece entre la basura del vertedero y solo unos cuantos reciben becas para asistir a primaria. La principal queja de los recolectores es que se sienten abandonados por las alcaldías. María Magdalena Castro, una de las madres que recolecta basura en Los Pinos, aseguró que nunca les han dado ni un lápiz a sus hijos para estudiar.

“Con lo que los mando a clase es con lo poco que gano aquí recogiendo y con las ayudas de algunas personas que vienen de vez en cuando a dejarnos cosas (…), la estamos pasando con bastantes dificultades, nuestras champas no sirven y a mí se me rompe el corazón cuando miro que mis niños tienen frío en la noche y se están mojando”.

Algunas de las champas están reforzadas con pedazos de plástico para que en el invierno no se filtre el agua; sin embargo los cambios de clima deterioran rápidamente este material. La señora Santos Isidra Meza, quien ha vivido más de 15 años en Los Pinos, comentó que se están mojando mucho, por lo que padecen de gripes constantemente.

“Lo que queremos es que no nos abandonen, necesitamos apoyo de la Alcaldía con zinc o cualquier cosa que nos ayude a vivir decente”, comentó Meza mientras miraba sus botas de hule, las mismas que utiliza para meterse en el mar de basura, con el fin de conseguir plástico, latas y materiales que sirvan para vender.

Los niños que se acercan a la basura para ver si hay algo comestible o un juguete roto viven pendientes del sonido de los carros que llegan a la zona muchas veces para dejar alimentos y ropa. Ellos juegan con lo que encuentran y con los más de treinta perros que viven en las mismas champas donde duermen las familias recolectoras.

Los jóvenes recolectores han encontrado un refugio en el Club Infantil, específicamente en el área del ECO Club, que inició para apoyar a los niños de Los Pinos.

Yasari Jarquín, una de las educadoras que llega regularmente, comentó que la mentalidad que tuvieron por mucho tiempo fue la de ser inferiores por vivir recolectando basura. La iniciativa fue para mejorar el autoestima de los niños trabajadores y de igual manera concientizar a la población. “La población puede colaborar desde quemar los papeles higiénicos usados, pensando que hay personas que tienen que rebuscar entre ellos para ganarse el pan de cada día”, comentó Jarquín.

A pesar de que viven en un ambiente sucio, las personas de Los Pinos afirman que no hay fuerza que los desanime para salir adelante.

Algo que les afecta es que los mismos ayudantes de los camiones de basura recogen los desechos para venderlos, dejando muy pocas cosas que los habitantes de Los Pinos puedan obtener para venderlas.

El agua es uno de los problemas que han tenido desde que viven en el vertedero, aunque los abastecen algunos vecinos de la zona, otras veces recogen agua de lluvia para cocinar y asear.

Boletin Departamentales Basura Nicaragua sobreviven archivo

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COMENTARIOS

  1. Ramón Pineda
    Hace 11 años

    Que un sólo nicaragüense viva en un basurero buscando algo que le sirva para poder comer, es una vergüenza para cualquier gobierno que se precie de justo. ¿Sabrán Daniel Ortega o su mujer lo que significa vivir así? ¿No creen que a estos nicaragüenses que viven entre la basura también les gustaría «vivir bonito»?

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