De Fósforo a Lucifer

El fósforo, se explica en los manuales científicos, es un elemento químico que emite luz al entrar en contacto con el oxígeno atmosférico. Por eso, en el lenguaje común se le llama fósforo a ese maravilloso palito cabezón que da luz al ser frotado y enciende el fuego y los hornillos de las cocinas.

El fósforo, se explica en los manuales científicos, es un elemento químico que emite luz al entrar en contacto con el oxígeno atmosférico. Por eso, en el lenguaje común se le llama fósforo a ese maravilloso palito cabezón que da luz al ser frotado y enciende el fuego y los hornillos de las cocinas.

En la mitología griega Fósforo (Phosphoros, “portador de luz”) es hijo de Eos, o Aurora, que sale al cielo al terminar la noche para hacer que despunte el día. Montada en un carruaje tirado por cuatro hermosos caballos, Aurora precede a su hermano Helios (el Sol) durante su trayecto diario.

Aurora es una diosa bellísima que viste ropas de color amarillo suave, sus brazos y dedos son de color rosado resplandeciente y luce en sus espaldas un par de alas claras y blancas. Cada madrugada ella abre las puertas del Oriente del mundo, esparce el rocío sobre la tierra y hace así que las capullos florezcan y crezcan las flores.

Ares, dios de la guerra y esposo de Afrodita, la hermosa diosa del amor, seduce a Aurora. Pero Afrodita no se indigna con su poderoso, brutal, inescrupuloso e infiel marido, sino que lo hace con su víctima, con Aurora, cuya única culpa es ser demasiado atractiva, tanto como la misma diosa del amor.

Afrodita maldice a Aurora y la condena a enamorarse una y otra vez de los hombres jóvenes. Desde entonces Aurora seduce y hasta rapta jóvenes para hacer el amor con ellos. Son famosos los amores de Aurora con Orión, Céfalo, Astreo (con quien se casa), Deucalión, Clito, Ganimedes, Titono y otros.

Por tantos varones con los que tiene relaciones Aurora es madre de numerosos hijos. Por citar algunos, con Titono tiene a Ematión y Mennon; con Céfalo a Faetonte y Héspero; y con Astreo, su marido, tiene a Céfiro, Bóreas, Noto, Euro y Fósforo.

Pero los hijos de Aurora que me interesa destacar en este artículo son Fósforo (el Lucero del Alba), y Héspero (el Lucero del Atardecer). Para muchos Fósforo es el mismo Héspero, solo que el primero se deja ver en el alba y el segundo aparece al atardecer, cuando se aproxima la noche.

A Fósforo, que cumple la esplendorosa función de anunciar la primera luz del día, una antigua interpretación religiosa lo convierte en Lucifer, con todas las connotaciones negativas que este nombre tiene para los creyentes de las religiones judeocristianas e islámica.

Phosphoros, también llamado Eosforos, es mencionado en la Biblia, por el profeta Isaías, quien dice (Is 14.12-14): “¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a la tierra, dominador de naciones! Tú que dijistes en tu corazón: ‘Al cielo subiré, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión en el extremo Norte. Subiré a las alturas de las nubes, y seré como el Altísimo’”.

Según algunos investigadores este discurso de Elías se refiere a un rey pagano de Tiro, el que se hacía llamar “ángel protector”, quien posiblemente fue derribado del trono por su soberbia, la que la Biblia considera como el pecado más grave y en el ejercicio del poder terrenal es algo que nubla el entendimiento de algunos gobernantes y causa su perdición.

Supuestamente, en su traducción de la Biblia que es conocida como Vulgata, san Jerónimo tradujo el nombre de Eosforo o Phosphoros como Lucifer, refiriéndose a Satanás, la representación suprema del mal. Pero Lucifer (del latín lux, luz, y fero, llevar, significa precisamente portador de la luz, lo mismo que Phosphoros (Fósforo) significa en griego.

En la creencia abrahámica las estrellas son ángeles del cielo y Lucifer era un ángel bellísimo, quien se deslumbró por su propia hermosura al grado de llegar a creerse Dios y rebelarse contra su creador, consiguiendo que otros ángeles lo siguieran.

Por su rebeldía Lucifer es castigado junto con la tropa de ángeles que lo apoyaron y desde entonces se le llamó “ángel caído”, o Satán, que en hebreo quiere decir “el adversario”.

Y así fue que Fósforo, el Lucero del Alba, hijo de la Aurora, se convirtió en Lucifer, Satanás, el Demonio o el Diablo, el genio del mal que fue arrojado al infierno profundo desde donde maquina sus maldades y sale a la vida terrena para inducir a las personas a que cometan graves pecados y se condenen eternamente.

Columna del día

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COMENTARIOS

  1. Leonel José
    Hace 11 años

    Grandioso es el mito Griego.
    el origen de muchas palabras que usamos en nuestra cotidianidad
    el El Fósforo también es un elemento de origen mineral que se encuentra distribuido en los alimentos y es un componente esencial de huesos y dientes. lo felisito Luis Sánchez

  2. Piton
    Hace 11 años

    Excelente articulo

  3. carlos mendoza
    Hace 11 años

    Gracias, hoy aprendí algo viejo, que ahora para mí es nuevo, aunque ya soy un viejo

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