Lista VIP
Si usted es un defensor de los derechos humanos, promotor de la democracia o caricaturista de algún periódico ¡cuidado! usted está en la lista roja del Gobierno de Nicaragua. Si llega al aeropuerto posiblemente lo aíslen, lo interroguen, le roben su celular, computadoras o cámaras fotográficas y lo expulsen sin miramientos. En cambio, si a usted se le considera un terrorista internacional, sobre quien pesan varias condenas en distintos países, anda en negocios de narcotráfico y secuestros extorsivos y, mejor aún, si ofrecen millones de dólares como recompensa por su captura, pase usted por acá, a la lista VIP. Aquí no solo encontrará un gobierno listo a atenderlo como rey, sino que puede conseguir automáticamente la ciudadanía, con cédula, pasaporte y todo. Le garantizamos que nadie lo extraditará por sus crímenes. Nicaragua: Única ¡Original!
Reclamos
Miren Guatemala. Miren Honduras. Miren Brasil. Países con poca tradición de reclamo se están rebelando contra los grupos corruptos que les roban el patrimonio y el futuro. Es que por muy pasivo que sea uno, hay un momento en que se le sale el indio y el descontento estalla. No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. En Nicaragua eso lo sabemos bien. Y deberíamos aprender de nuestras propias lecciones.
Apariencias
Aunque todo parezca tranquilo, si no se atienden las señales Nicaragua puede ser un polvorín. El nicaragüense parece por ahora un pueblo sumiso y domado. Le arrebataron su derecho a elegir sus autoridades y no pasó nada. Le convirtieron en caricatura su sistema de justicia y ahí estamos, tragándonos sentencias descabelladas sin que pase nada. De un tiempo para acá echan presa a cierta gente sin atenerse a proceso legal alguno y hasta parece que nos vamos acostumbrando a ello. Aparece un suicidado en las cárceles y dos días después parece que se olvidó. El presidente y su familia se apropian de miles de millones de dólares y aparecen con negocios que nunca tuvieron y parece que no nos importa. Ojo. El error es confiarse en las apariencias.
Facturas
A menos que suceda un milagro, avanzamos inexorablemente a otra crisis nacional. ¿Qué va a suceder cuando un gobierno de signo diferente asuma el poder? ¿Va Ortega y su grupo a pagar por todos los crímenes que ha cometido? ¿Se les va a confiscar todas las propiedades y patrimonio mal habido? O, en aras de la paz, ¿se hará borrón y cuenta nueva y se quedaría la familia Ortega Murillo viviendo de sus millones, como lo hace el resto de millonarios que hay en Nicaragua? Es que si las cosas se hacen mal terminan mal. La gran pregunta es si llegando el momento de pedir cuentas, la factura se pagará con amnistía o con castigo, y que significará para Nicaragua en cada caso.
Dictadores
Veamos la tendencia histórica de los similares a Ortega: José Santos Zelaya: murió en el exilio. Anastasio Somoza García: murió baleado. Anastasio Somoza Debayle: murió de un bazucazo en el exilio. Y aclaro, no es que le esté deseando un final trágico a Daniel Ortega y a su grupo. Más bien estoy tratando de decirle que si cree en que siempre tendrá el control total de todo en el país y por ello siente que puede hacer todo sin pagar por nada, recuerde que igual creyeron otros y mire cómo terminaron. Si Ortega quiere terminar diferente, ¡yo quiero que termine diferente! tiene que hacer las cosas diferentes y para comenzar debería al menos: uno, devolver las elecciones: dos, respetar las libertades; y tres, dejar de tomar como propio el dinero que no es suyo.
Válvula de escape
Las elecciones son por naturaleza la válvula de escape a esa presión que se acumula. Se supone que cada cinco años el ciudadano premia o castiga con su voto la gestión de sus gobernantes y confía que si el gobernante de turno cometió un delito en su gestión ya pagará por ello, a través de las instituciones independientes que sirven de contrapeso o con el gobierno siguiente que para cambiar las cosas se eligió. No es lo mismo un ajuste de cuentas después de un cambio violento a uno a través de los votos. Si no miremos lo que sucedió con Somoza en el 79 y con el propio Ortega en el 90. Pero si la válvula electoral se cierra, como está sucediendo ahora en Nicaragua, ¿qué queda? De eso es lo que se trata. Que no llegue la sangre al río. Eso nadie lo quiere y todos estamos en la obligación de evitarlo.
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