Querida Nicaragua: Una noche de estas estuve soñando. Fue uno de esos raros sueños de los que uno se acuerda por la mañana. Y fue tan edificante que aunque sea sueño es bueno contarlo porque es un asunto que podría ser llevado a la realidad habiendo en el mundo tanto organismo, tantas instituciones, tantas entidades caritativas, tantas organizaciones capaces de tomar el pulso e influir sobre todas las naciones del mundo o al menos sobre casi todas ellas.
Por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que fue la que se me presentó en el sueño. Estaban reunidos una inmensa cantidad de países, 193 países que forman actualmente esta organización, fundada el 24 de octubre de 1945, inmediatamente después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. La Organización tiene como objetivos todos los temas de interés mundial: la paz, la seguridad, la economía y la justicia internacional.
Lo que vi en sueños es que alguien a quien no puedo identificar y cuyo país de origen tampoco me fue revelado, se levantó de su asiento y se dirigió al podio para decir un discurso y hablar de la pobreza en ciertas regiones del mundo y de la hambruna que padecen algunos lejanos países donde muchos niños y adultos mueren de hambre. No tienen quien les de alimentos. El Programa Mundial de Alimentos no es suficiente para abastecer a tanta gente, tanto desplazado por las guerras, tantos refugiados en países extraños, tantos huérfanos, tantas viudas, tantos niños y niñas víctimas de desastres naturales, inundaciones, terremotos, tsunamis, muriendo de hambre. El hombre que hablaba estaba conmoviendo los cimientos de la ONU por el dramatismo de su exposición capaz de mover los corazones más duros con el trágico problema del hambre que verdaderamente agobia a muchas regiones de la tierra. Y lo más importante es que no solo planteó el problema sino que sugirió la solución.
Dijo así: La Organización de las Naciones Unidas puede pedir a todos los gobiernos del mundo aquí presentes, que sugieran a sus poderes legislativos una ley para procurar alimentar diariamente a millones de personas con hambre. Y ¿qué diría esa ley? Se llamaría Ley de Alimentos Sobrantes. En su exposición de motivos diría que son toneladas de comida las que botan todos los días los restaurantes del mundo. Comida buena y sana, carne en abundancia, pollo, mariscos, cereales, panes etc. etc. ¿Podría calcular alguien la cantidad de sobrantes de comida en los restaurantes de Nueva York para solo mencionar una ciudad de los Estados Unidos? Calculemos lo que se tira a la basura en París, Buenos Aires, Río de Janeiro, Berlín, Roma, Madrid en sobrantes de comida de todos los restaurantes del mundo.
La ley obligaría a cada restaurante a crear un departamento especial para el tratamiento diario de estos alimentos sobrantes, su conservación, su empaque y su envío a lugares del mundo donde se sepa que padecen de hambre, lugares señalados de antemano para cada uno de estos establecimientos. Es cuestión de organización para lo que son especialistas, los técnicos del mundo moderno. En lugar de botar la comida y mandarla al basurero contaminando las ciudades podría aprovecharse para darle de comer a tanta gente con hambre. La ONU ha invertido billones de dólares en programas y técnicos investigando las causas de que en el mundo haya tanta pobreza, tanta miseria y tanta hambre. Estaría bien que invirtiéramos dinero en hacer esta nueva organización para que no se sigan botando los sobrantes de comida en todos los restaurantes del mundo. Así podríamos alimentar a millones de pobres, seres que se acuestan cada noche con el estómago vacío y que viven esperando una muerte segura. Si algunos países responden positivamente el mundo habrá dado un paso gigantesco. Muchas gracias.
Me desperté entre alegre y confundido. Solo fue un sueño, pero dicen que muchas grandes obras han comenzado con un sueño.
El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la presidencia de la República en 2011.
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