Querida Nicaragua: El famoso escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado tuvo la gentileza de obsequiarme un hermoso libro que recoge los principales textos que hizo García Márquez como periodista. Un obsequio que le agradezco pues pocas veces se tiene la oportunidad de reunir tanta riqueza reporteril y narrativa en un solo volumen, sobre todo el corroborar que Gabo era extraordinario novelista y amenísimo reportero.
En este volumen hay relatos desde los primeros tiempos en que Gabo se inició como reportero y hacía sus entregas en los diarios colombianos. Como el libro es de reportajes sueltos que uno puede escoger en el índice he ido leyendo los que me han parecido más interesantes, sobre todo aquellos que no había leído.
Fue entonces que me encontré con un artículo titulado “Mi hermano Fidel”. Me llamó la atención pues todo el mundo sabe que García Márquez era amigo muy cercano de Fidel Castro y quise introducirme en el pensamiento de Gabo, sabiendo perfectamente que no habría más que elogios para el señor don Fidel, que bien podría compararse con el personaje central del Otoño del Patriarca , la extraordinaria novela de Gabo.
Es un reportaje sencillo donde conversa con Emma Castro, hermana menor de Fidel. Ella, dice Gabo evoca una imagen de Fidel que es completamente distinta, más humana que la que se conoce publicitariamente. Es un líder estudiantil, empedernido opositor al gobierno de Batista, incansable luchador y luego guerrillero en la Sierra Maestra. Le gusta cocinar y su plato favorito son los espaguetis, los que cocinaba en la cárcel cuando fue detenido después del asalto al cuartel Moncada.
No tengo nada que objetarle al reportaje de García Márquez, ameno y nítidamente escrito, además de que tal como yo lo esperaba habla de Fidel realmente como si fuera su hermano, con gran simpatía y admiración.
Me llamó la atención la última parte de lo que dijo la señora Emma Castro, la hermana más cercana a Fidel. Ella naturalmente lo considera un héroe lleno de virtudes revolucionarias y expresó que su hermano tiene “especial preocupación por los problemas de sus semejantes” que el señor don Fidel nunca deja de leer a Martí. Tiene varios ejemplares de las obras completas de Martí, y agrega doña Emma: “Fidel puede olvidarlo todo, pero nunca abandona a Martí”.
Según lo anterior don Fidel es un martiano por excelencia, pero obviamente no lo ha imitado en nada.
Digo lo anterior porque entre el pensamiento y la acción de Fidel Castro y la de José Martí, hay un abismo de distancia. Fidel Castro y José Martí son dos pensamientos totalmente opuestos. A Martí lo conocemos, aún sin profundizar en su obra de patriota, poeta, conferencista y luchador permanente por la libertad, en estas sencillas cuartetas: “Cultivo una rosa blanca, en junio como en enero, para el amigo sincero, que me da su mano franca. Mas para el cruel que me arranca, el corazón con que vivo, nardos ni ortigas cultivo, cultivo una rosa blanca”. La nobleza del perdón, el amor al prójimo, la generosidad y la ternura están presentes en estos sencillos versos de Martí. Si Martí hubiera entrado triunfante en La Habana ¿habría hecho lo que hizo Fidel? ¿Hubiera fusilado Martí a sus adversarios y hubiera engañado a su pueblo fingiéndose demócrata e instalando una dictadura? Seguro que no. Martí era un hombre de actitudes nobles, el poeta del patriotismo y la ternura y como tal se hubiera comportado. Martí era un cubano dispuesto a entregar su vida por la causa de la libertad, un cubano enemigo de la esclavitud, de la mentira y la ignominia.
Por esto creo que la hermana de Fidel debe haberse equivocado cuando le dijo a Gabo que Fidel nunca dejó de leer a Martí. Si eso fuera cierto, Cuba sería libre, independiente y soberana y no lo que es hoy, una pobre isla esclava.
El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la presidencia de la República en 2011.
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