Creo que sería conveniente promover en Nicaragua la realización de un diálogo intergeneracional que permita no solo valorar las consideraciones provenientes de las generaciones que participen en él, sino sobre todo integrar los puntos de vista y perspectivas que surjan de las particulares posiciones de tiempo y lugar en que se encuentran situadas cada una de ellas.
Es necesario tener una visión más unitaria de lo que ocurre y ha ocurrido en nuestra historia presente, para lo cual se requiere tener en consideración la perspectiva de diferentes generaciones, pues cada una de ellas tiene una visión de lo ocurrido en la que, posiblemente, se perciban circunstancias no captadas por otros grupos generacionales.
Quien ve una parte del paisaje tiene una visión parcial, diferente a la que tiene un sujeto situado en otro punto. La parte no vista por un observador, es la parte que ve el otro y viceversa, sin que esto signifique que lo no visto por cada uno de ellos no existe, sino, por el contrario, significa que existe en la visión del otro. Por ello, la mejor forma de construir la realidad, sea esta geográfica o histórica, es integrando las visiones parciales para conformar una visión más unitaria y más aproximada a la realidad de los hechos.
Como dice el filósofo español José Ortega y Gasset en “la doctrina del punto de vista”, de su libro El tema de nuestro tiempo : “Desde distintos puntos de vista, dos hombres miran el mismo paisaje. Sin embargo, no ven lo mismo. La distinta situación hace que el paisaje se organice ante ambos de distinta manera ( ). La perspectiva es uno de los componentes de la realidad”.
¿Cómo percibe la juventud de hoy, que nació en la década de los años noventa, los acontecimientos que no vivió y que conoce por referencias, respecto con la generación que no solo vivió ese tiempo, sino que fue protagonista de los hechos que desembocaron en los cambios producidos por la revolución de 1979?
¿Cómo percibe cada generación la realidad a la altura del año 2015, y cómo valora las diferentes acciones del poder, los partidos políticos, la sociedad civil y la ciudadanía?
Y si nos remontamos a épocas anteriores, ¿cómo percibe y analiza el momento actual, por ejemplo, la generación de la autonomía, mi generación, la que a partir de los hechos acaecidos el 23 de julio de 1959 se formó y actuó, principalmente en la primera parte de la década de los años sesenta y luego proyectó su visión y acción hasta el presente?
¿Cómo percibe la realidad quien vio y vivió los acontecimientos de nuestra historia reciente y cómo la percibe aquel, para quien estos hechos son una referencia, pero que, por otra parte, es en este momento el sujeto y destinatario, activo o pasivo, de la realidad actual de nuestro país?
Creo que para entender el presente y tratar de construir el futuro, es necesario integrar esas diferencias, esas visiones y percepciones distintas, pues cada una de ellas aporta una parte de esa realidad compleja y multiforme.
Nicaragua necesita una concertación que produzca un proyecto nacional, un contrato social que sirva de base y marco estructural a su desarrollo político, institucional, económico y social, más allá de los intereses inmediatos y coyunturales. Un verdadero pacto social que sustituya a los pactos de cúpulas que solo han servido para la repartición del poder y para confiscar el presente y el futuro de Nicaragua, atrapados entre la confrontación y la confabulación.
Pero para ello es fundamental conocer que piensa la generación presente y otras generaciones, sobre temas como la democracia, el Estado de Derecho, la ciudadanía, el poder, la libertad, la justicia social, entre otros, con el fin de integrar perspectivas y completar con una visión múltiple el acuerdo que pueda permitir superar el círculo vicioso de nuestra historia política y construir el nuevo sendero de desarrollo y consolidación de esos valores esenciales.
Cierto es que los acontecimientos inmediatos exigen a todos tomar las medidas concretas para enfrentarlos de la forma más adecuada, pero también es cierto que el contexto histórico, en general, demanda identificar las causas que persisten en el subsuelo de esa realidad social, cultural y política y que producen tales acontecimientos, como efectos o consecuencias de esa realidad subyacente.
Cotidianamente nuestro país enfrenta una serie de hechos que impactan la conciencia individual y colectiva. Es perceptible detrás de la violencia, incertidumbre y violación de los derechos fundamentales de las personas, la existencia de un conjunto de situaciones que podrían prefigurarse mencionando al menos algunas de ellas tales como: aumento del autoritarismo; debilitamiento de la institucionalidad en el Ejército y la Policía; incremento del control personal de las instituciones; desarrollo en la práctica de la idea del poder absoluto; debilitamiento del Estado de Derecho y la democracia; control casi total del Estado, municipios, medios de comunicación y demás espacios de la vida social; pretensiones de establecer el control cibernético en la banda ancha de internet, y muchas otras situaciones en las que se evidencia el incremento del poder, la concentración del mismo y la intención de ejercerlo, reduciendo o eliminando los espacios de libertad de la ciudadanía.
Si detrás de los acontecimientos puntuales hay un tejido de causas y situaciones, quizás convendría promover una reflexión colectiva, en este caso bajo la forma de un diálogo intergeneracional en el que se reflexione sobre el poder y la ley; las instituciones; la politización y control de los órganos y poderes del Estado; la responsabilidad en la práctica de la política; la necesidad de un contrato social; la democracia como ciudadanía, entre otros temas.
Es claro que de lo que se trata no es de fabricar soluciones absolutas, sino de contribuir a crear una cultura política diferente, la que, sin perjuicio de la atención inmediata que deben recibir los problemas concretos y puntuales, contribuya a fortalecer esa conciencia ciudadana colectiva, que es la raíz y naturaleza de la democracia.
Por ello, quizás sería muy importante promover ese diálogo intergeneracional a través de foros, debates, cátedras abiertas, mesas redondas, conferencias y cualquier otra forma de intercomunicación, para lograr que diferentes generaciones puedan aportar sus experiencias y puntos de vista, para construir esa nueva realidad que permita fortalecer las garantías fundamentales y con ellas, la libertad, la justicia y la dignidad de la persona y la sociedad.
El autor es jurista y filósofo nicaragüense.
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