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Las redes sociales, los modernos sistemas de comunicación o las aplicaciones de mensajería podrían explicar el aumento de casos de dependencia emocional, según los especialistas.

Las redes sociales, los modernos sistemas de comunicación  o las aplicaciones de mensajería podrían explicar el aumento de casos de dependencia emocional, según los especialistas. Un síndrome que genera una necesidad enfermiza de cuidado y protección que provoca falta de funcionalidad y autonomía en la persona.

“La dependencia emocional cumple con todos los criterios de cualquier otro tipo de adicción, aunque en este caso el objeto no es a una sustancia sino a una persona”, detallan los especialistas de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD).

Quienes padecen este trastorno experimentan deseo irrefrenable, necesidad de contacto, pérdida de control o modificación de los patrones estables de personalidad.

ES UNA PATOLOGÍA

En este sentido, la SEPD aclara que el trastorno por dependencia emocional es una patología relacionada con una necesidad enfermiza de cuidado y protección en diversos contextos como puede ser el relacional, el familiar, el laboral o el académico. Su resultado es una falta de funcionalidad y autonomía en la persona.

“La dependencia emocional es una necesidad afectiva extrema que una persona siente hacia otra”, señala Atención e Investigación de Socioadicciones (AIS).

Asimismo indican que, aunque este trastorno se puede dar en relación con los hijos o con los progenitores,  en la práctica clínica la dependencia a la pareja es la que genera más demanda.

En este sentido, Jorge Castelló, en el libro Cómo superar la dependencia emocional, explica que este síndrome “convierte el amor en un suplicio, transforma algo que tendría que ser muy bonito y debería aportarnos muchísimo en algo que, en muchas ocasiones, es horroroso, que resta amor propio y calidad de vida al dependiente, consumiéndolo poco a poco y atormentándolo”.

Del mismo modo, Rosa Fernández Marcote, miembro de la Sociedad Española de Patología Dual, afirma que la dependencia emocional “distorsiona a la persona que la padece y cambia su comportamiento normal en el entorno laboral, familiar, social y emocional”.

“El dependiente suele darse cuenta de que tiene una relación perjudicial y reconoce a la persona tóxica, pero cuando intenta romper el vínculo siente que no puede”.

Los expertos trabajan con la hipótesis de que el uso de las nuevas tecnologías podría explicar dicho aumento en la intensidad y en el número de casos.

“Antes, cuando se perdía la relación con un amigo o se terminaba un noviazgo, se cumplía un periodo de duelo, sin contacto, que favorecía la reconstrucción de la vida de una manera razonable. Ahora, siempre existe la posibilidad de saber algo de la otra persona, revisar su última conexión a WhatsApp, espiar su Facebook o mirar sus fotos de las vacaciones”, apunta la doctora Fernández Marcote.

Existe un tratamiento para superar la dependencia emocional y es similar a los que se utilizan para superar otras adicciones. De hecho, ese debe seguir el mismo esquema que cualquier otro tipo de deshabituación. “En drogodependencia se funciona con programas de prevención de recaída, manejo de contingencia, alejamiento de la sustancia y recomposición de la vida de la persona de forma independiente en todas las áreas.

En dependencia emocional se trabaja de igual forma”, comenta Rosa Fernández Marcote.

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