Por más satisfacción que muestre en público sobre su primer año de gobierno, el presidente Luis Guillermo Solís tiene claro que “no es lo mismo verla venir que platicar con ella”, y así lo ha tenido que reconocer este historiador y politólogo, quien llegó al poder el 8 de mayo de 2014, tras ganar de manera arrolladora una segunda vuelta electoral con una promesa de cambio que la gente no percibe.
Desde el inicio su gobierno camina en paridad con la polémica, de críticas a su gestión o como lo graficó un análisis de la Escuela de Sociología de la estatal Universidad Nacional (UNA), transita entre conflictos, lagunas y contradicciones; al no responder a grandes demandas, como la falta de empleo.
El analista político Claudio Alpízar ve tres grandes errores del Gobierno que han sembrado desconfianza en sectores empresariales, sociales y hasta partidarios que desembocan en un panorama sombrío para la economía: la falta de pericia política de un Gobierno nuevo e inexperto, la ausencia de un plan estratégico de país y un gabinete sin estructura que manifiesta una impresión de gestionar sus ministerios o entidades autónomas con más voluntad propia que mediante una estrategia de Gobierno.
«Contrario a lo que algunos agoreros suelen anunciarnos, el país avanza resueltamente en la ruta del cambio: lo que jamás podría entenderse como una marcha exenta de sobresaltos y de eventuales tropiezos». Luis Guillermo Solís, presidente de Costa Rica, en un discurso el 1 de mayo.
Eso le ha provocado un cúmulo de opiniones desfavorables, según una encuesta de finales de 2014 de la Universidad de Costa Rica, que ubicó al mandatario en 30.8 por ciento de opiniones positivas y un 34.5 negativas. Nada comparado al 77.8 por ciento de los votos (1.3 millones de electores) con los cuales ganó en abril de 2014.
El último gran escándalo de su gestión fue el fiasco en el que resultó el Festival Internacional de las Artes (FIA), el principal evento cultural del país, que se desarrolló entre el 23 de abril y el 3 de mayo, y para el cual se cancelaron conciertos masivos, tuvo la mínima cantidad de presentaciones de artes escénicas, desorganización y problemas en la ejecución de casi 1.5 millones de dólares en el presupuesto.
Ante tal desastre, Solís pidió a la ministra de Cultura y Juventud, Elizabeth Fonseca, un informe sobre el fallido FIA con el interés de sentar responsabilidades políticas.

RENUNCIAS DE MINISTROS
Previo al FIA, había renunciado por presiones políticas Melvin Jiménez, un obispo luterano convertido en ministro de la presidencia, su ficha de confianza y el más polémico de su gestión, quien por la falta de pericia política no unificó siempre su discurso con el del mandatario, no logró tender puentes con bancadas opositoras en el parlamento y no generó confianza a los empresarios.
A inicios de abril fueron despedidos la ministra de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (Micitt), Gisella Kopper, y el viceministro Allan Ruiz, por fallas en la supervisión al elaborar un polémico proyecto de ley de radio y televisión que entre sus aspectos incómodos le otorgaba al ejecutivo la posibilidad de sancionar contenidos divulgados en medios de comunicación, en detrimento de la libertad de expresión y el régimen abierto de opinión pública existente en el país.
En el primer año de gestión de Solís, cerca de treinta funcionarios de su gobierno, entre ministros, asesores, directores de entidades autónomas y embajadores han dejado sus puestos, entre renuncias y destituciones.
CONTRADICCIONES
Costa Rica, el país culto que se decantó en las urnas por aquel candidato elocuente de sonrisa fácil que logró recoger el descontento ciudadano hacia los gobernantes de turno, desde el inicio de su gestión se desgrana en críticas hacia un Gobierno lleno de contradicciones, tildado por sus detractores de improvisar, dar marcha atrás en decisiones iniciales y hasta de ser populista.
“Me han dicho populista e inexperto. ¿Por qué no nos dan chance de gobernar?”, dijo Solís antes de cumplir el primer mes de Gobierno. “He pasado de ser un peligrosísimo comunista, a un defensor a muerte del neoliberalismo y la burguesía costarricense, entonces uno se mueve en esos golpes de percepción que sectores interesados promueven, pero acá vamos caminando”, declaró en una reciente entrevista al Diario Extra.
El primer traspié de su partido ocurrió el 1 de mayo de 2014, cuando sus diputados del Partido Acción Ciudadana (PAC) en el parlamento negociaban votos de una minoría de legisladores para obtener la presidencia del directorio a cambio de congelar por un año la discusión de la unión de hecho entre parejas del mismo sexo.
Eso le valió la crítica de la comunidad gay, que le quitó el respaldo hasta que la bancada de su partido desistió del apoyo con los evangélicos. Días después, Solís ondeó la bandera del orgullo gay en casa presidencial. Aquí el descontento provino del sector conservador de Costa Rica.
Una semana antes al 8 de mayo de 2014, día en que asumió la presidencia, respaldó la huelga nacional de educadores públicos que reclamaban salarios atrasados, sin saber la magnitud del problema. Siendo presidente se enfrentó al gremio magisterial. Su ministra de Educación duró un mes en resolver la huelga, tras varios llamados a deponerla.

En campaña prometió cerrar la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS), el organismo que tanto criticó, porque en Costa Rica se cree ha servido para espionaje político. Siendo presidente cambió de idea. Se ganó la crítica por nombrar como director a Mariano Figueres, un ingeniero agrónomo e hijo del expresidente José María Figueres. El gobierno de Solís impulsa una reforma para mejorar los objetivos y funcionalidad de este organismo.
El entonces nuevo gobernante tampoco pudo bajar la tarifa de energía, aún carece de un plan para combatir la evasión fiscal al punto que revocó un decreto del Gobierno anterior que prohibía negociar con supuestos evasores tributarios.
Inicialmente a los costarricenses les molestó la ambigüedad en salarios de algunos jerarcas del Gobierno. Si bien es cierto, el presidente de la República afirmó continuar con el congelamiento de los aumentos salariales para los ministros, en el Gobierno consideró descongelar los incrementos para “equiparar” las remuneraciones dentro de su gabinete. Esta medida provocó un debate entre Solís y el ministro de la presidencia, Melvin Jiménez. Tuvieron que rectificar su contradicción.
Hay ministros que renunciaron al salario del Gobierno para mantener el de la Universidad de Costa Rica, donde son académicos, porque sencillamente es más elevado. Un año después el tema ya no se discute a nivel público.
LOS ACIERTOS DE SOLÍS
El politólogo de la Universidad Nacional, Carlos Carranza, dice que los esfuerzos del gobierno de Luis Guillermo Solís se han visto limitados por la falta de espacios políticos adecuados que no han llegado a grupos sociales. Además existe una contradicción entre propuestas de campaña y lo que se gesta y no se observa una articulación adecuada y oportuna en diferentes áreas.
Pero Carranza sí le atribuye logros en seguridad pública: ha continuado la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia, que genera confianza en la ciudadanía.
Asimismo, la Cancillería tiene una política exterior bastante definida, como continuidad de esfuerzos de gobiernos anteriores para insertar a Costa Rica a grandes actores de la economía mundial y la defensa de litigios con Nicaragua en la Corte Internacional de Justicia.
Otro punto a su favor es el plan nacional de desarrollo que plantea seis metas nacionales para alcanzar tres grandes objetivos: un mayor crecimiento económico con más y mejores empleos; reducir la pobreza y disminuir la desigualdad; lucha contra la corrupción y fortalecer un Estado transparente.
LOS LOGROS Y RETOS POR DELANTE
Luis Guillermo Solís mencionó el primero de mayo, entre sus logros en este primer año de mandato, el “mejoramiento del clima para hacer negocios en Costa Rica”; el respaldo a “campesinos, pequeñas empresas, jóvenes y mujeres emprendedoras”; el combate a la pobreza; la atracción de 39 proyectos de inversión para generar diez mil empleos y la lucha contra la evasión fiscal, entre otros.
“La defensa de nuestro territorio y del patrimonio natural de los litigios contra Nicaragua”, también lo mencionó como parte de sus logros. Agregó la estabilidad en la tarifa eléctrica; el aumento de proyectos gubernamentales de infraestructura y la lucha contra el crimen organizado.
Entre sus retos se planteó mejorar el sistema de Seguridad Social y disminuir la pobreza y desigualdad.
A juzgar por lo pasado, en el segundo año Solís la tendrá aún más difícil. Perdió el control del directorio del parlamento, que significa una férrea oposición a una reforma fiscal para aumentar los impuestos, tan necesaria para el país.
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