Vivir bonito en Omelas

Hay un cuento escrito en los años setenta por Ursula K. Le Guin, autora estadounidense. El cuento se titula The Ones who walk away from Omelas, algo así como, Los que se van de Omelas.

Hay un cuento escrito en los años setenta por Ursula K. Le Guin, autora estadounidense. El cuento se titula The Ones who walk away from Omelas, algo así como, Los que se van de Omelas.

Omelas es una ciudad maravillosa, se levanta frente al mar en una bahía, a sus espaldas, por el norte y el oeste la rodea una cordillera con 18 picos permanentemente cubiertos de nieve. Los veranos son soleados pero con una temperatura tan agradable que todo el pueblo, y de pueblos vecinos, llegan a celebrar el Festival de Verano. Ahí no hay rey, ni clero, ni soldados. “No conozco sus reglas ni sus leyes, pero sospecho que son pocas”, escribe Le Guin.

Dejaré que la autora describa cómo viven sus ciudadanos: “No son niños ingenuos —aunque sus niños en realidad son felices— ellos son adultos apasionados, maduros e inteligentes cuyas vidas no son una desgracia… tienen una ilimitada y generosa alegría, hay un magnánimo sentimiento de triunfo, pero no sobre un enemigo externo sino en comunión con las almas más justas de todos los hombres en todas partes y el esplendor del verano en el mundo: Esto es lo que inflama los corazones de las personas de Omelas, y la victoria que celebran es la victoria de la vida”.

Sin embargo, toda esta perfección y felicidad tiene un precio. En Omelas, en una de las espléndidas casonas, hay un pequeño sótano, sucio, húmedo y sin ventanas, donde apenas entra un poco de luz. Ahí se mantiene encerrado un niño que permanece desnudo, sentado sobre su propio excremento, sus nalgas terriblemente llagadas. Parece tener seis años, aunque en realidad tiene diez y no siempre ha estado encerrado ya que puede recordar los días soleados y la voz de su madre.

“Quizá nació con algún defecto, o quizá se ha convertido en un imbécil ante tanto miedo, desnutrición, maltrato y descuido. Se mete los dedos en la nariz y en ocasiones juega con los dedos de sus pies o sus genitales mientras pasa sentado, encorvado en una esquina, lo más alejado que puede de un balde y un par de lampazos malolientes. Le teme a los lampazos. Los encuentra horrorosos. Cierra sus ojos pero sabe que los lampazos están allí, y la puerta está cerrada con llave y que nadie llega”, salvo a tirarle media taza de avena y agua una vez al día.

Escribe Le Guin que los habitantes de Omelas saben que el niño está allí. Cada uno es llevado a verlo cuando tiene entre nueve y doce años. Cada uno se espanta del espectáculo. Algunos lloran, otros protestan y gritan ante semejante situación, les llena un sentimiento de impotencia pero los adultos les explican que toda la felicidad, toda la abundancia, toda la belleza, toda la salud de que gozan en Omelas depende del sufrimiento de ese niño. Si alguien se atreviera a sacarlo de su miseria, si tan siquiera le dirigiera una palabra amable, todo lo bonito desaparecería de inmediato. En esa paradoja viven los habitantes de Omelas porque “sus lágrimas, su cólera, su generosidad puesta a prueba y la aceptación de su impotencia, son tal vez la verdadera fuente del esplendor de sus vidas. Ellos no padecen una felicidad sosa e irresponsable. Ellos saben que igual que el niño, ellos no son libres”.

El cuento concluye así: “A veces, un adolescente luego que lo llevan a ver al niño, no regresa a casa. A veces, un adulto, entra en un profundo silencio por un par de días, luego sale de su casa… cae la noche; el caminante pasa por las calles de la ciudad, entre las casas con ventanas iluminadas y continúan hasta entrar en la oscuridad de los campos. Cada uno va solo, van hacia el norte o el oeste, hacia las montañas… salen de Omelas y no regresan… el lugar al que van no lo puede describir. Tal vez ni siquiera exista. Pero ellos parecen saber hacia dónde van, los que se van de Omelas”.

El cuento puede tener miles de interpretaciones, no seré yo quien trate de dictar una. Acá les dejo el enlace, en inglés, para quienes quieran leerlo completo: http://bit.ly/1IOLVMP. Es una obra poderosa. Garantiza una sacudida hasta los cimientos del más cómodo de los conformismos.

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@guayoperiodista
caminodelibertad.wordpress.com

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COMENTARIOS

  1. El Zapador
    Hace 11 años

    Según El Dinky Enriquez, con este cuento trata de hacer que despierte la gente (el pueblo) de esta gobierno. Mas sin embargo el sabe que el pueblo por el momento no quiere saber nada de politicos de derecha. Tengan claro que cuando el pueblo no quiere saber del FSLN es por culpa del mismo FSLN, y no de un cuento inspirador que sugiera el susodicho. Ya no encuentran manera de darse animos ellos mismos, ya que estan reketekemados con el pueblo. Claro con este diraio a disposicion podran hablar…

  2. juan tiradora
    Hace 11 años

    Salen de Omelas (Rivas) y no regresan.

  3. Manuel Blandon
    Hace 11 años

    Todo Nicaragua es Omelas, y ese niño encarcelado y sufrido es la democracia, la libertad de expresarse, el derecho a la justicia, el serecho a que se respite el voto. Nicaragua es un pais bonito por sus lagos y volcanes, su clima calido, sus tierras fertiles, sus costas lacustres y marinas; su montañas que aunque despaladas aun conservan parte de su belleza original. Pero como vivir en un pais en donde sabes que en cualquier momento puedes ser victim de una injusticia como la de Milton? Huir!!

  4. Carlitos Minicar
    Hace 11 años

    Se necesitaría escribir un libro de 500 páginas para las semejanzas. Aquí van algunas, en nuestra «Omelas» los pastores evangélicos quieren ser presidentes, los borregos son muchos porque ¨la calle está dura, los empleados públicos tienen ¨miedo» a perder sus salarios, los ¨pendejos» ven en una hoja de zinc el resplandor del sol y hasta el esplendor y aquí los que se van de Omelas saben que no hay trabajo y van a buscarlo donde realmente hay. el niño es la pobreza que nunca termina y el…

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