Para evitar aferrarse al otro es aconsejable desarrollar periodos de distancia o “ayunos”, y aprender a vivir sin ese control enfermizo, aunque la mejor vacuna contra el aferramiento sería vivir sin miedo a morir, vivir sin necesidades innecesarias, vivir con amor propio, dándose cuenta de que nada malo puede pasar y que la soledad no es mala.
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