La autoestima, entendida como “la valoración que una persona hace de sí misma”, es un proceso psicológico complejo que involucra la percepción, estima y concepto que cada uno tiene de sí mimo. Es el sentimiento valorativo del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad.
Si consideramos que la calidad de vida está profundamente relacionada con la forma como cada persona se percibe y se valora a sí misma, podemos entender la importancia de contar con una autoestima positiva que posibilite sacar lo mejor de cada ser humano en las distintas etapas del ciclo vital.
Afortunadamente es posible mejorar la autoestima de cualquier persona, ya que el sentido del valor por uno mismo es una “construcción” que va formándose a lo largo de la vida, siendo susceptible de mejorar en la medida que dispongamos de experiencias positivas.
En este proceso, los primeros años de vida son una etapa primordial donde se cimentarán las bases de la personalidad y donde se espera que nazca un sentimiento de seguridad y confianza básica en el niño, que le acompañará durante toda su vida.
Cuando un niño posee una autoestima positiva se sabe valioso y competente, es curioso y muestra interés por aprender y no se siente disminuido cuando necesita ayuda por lo que le resulta fácil solicitarla.
Es responsable, se comunica y es capaz de relacionarse adecuadamente con adultos y pares. Suele lograr un buen desempeño escolar tanto en habilidades sociales como en lo académico, lo que se relaciona con su motivación de logro y una disposición positiva hacia las experiencias de aprendizaje, logrando reconocer y confiar en sus capacidades y afrontar sus limitaciones y conflictos de una manera constructiva.
La falta de miedo al fracaso le permite ser más espontáneo y abierto a la experiencia y le da la posibilidad de aprovechar las oportunidades que se les presentan. Es un niño que disfruta de nuevas experiencias y se siente profundamente amado y reconocido como un ser humano valioso y único.
Por el contrario, un niño con autoestima negativa suele ser hipercrítico, culposo y poco creativo, intentará pasar inadvertido, mostrándose tímido o retraído, o bien, expresará conductas agresivas, desafiantes o de riesgo, tendiendo a descontrolarse fácilmente, mostrar inseguridad y una baja tolerancia a la frustración, dificultades en su autonomía, en su regulación emocional y en la capacidad de confiar en sí mismo y en los demás. Posiblemente esto provocará rechazo en los demás, lo que a su vez repercutirá negativamente en su autovaloración.
¿CÓMO LOGRARLO?
Para que un ser humano pueda creer en sí mismo necesita haber vivido la experiencia de que otro creyera en él. “Creer” en el niño implica confiar en sus potencialidades y poseer expectativas positivas y realistas sobre sus posibilidades de desarrollo, lo que precipitará el “crear” en él /ella la capacidad de confiar en sí mismo, que más tarde promoverá su realización personal.
Para ello, debemos hacernos cargo de la manera en que tendemos a percibir la realidad y cómo la trasmitimos. Ser concientes de esto implica aprender a enfatizar logros, virtudes, habilidades y aprendizajes por sobre los errores, carencias o dificultades para que efectivamente podamos trasmitir una imagen positiva y constructiva que favorezca el desarrollo de los niños.
No olvidemos que los niños son personas que se encuentran en proceso de desarrollo, lo que no implica que sean seres incompletos, por lo que deben ser tratados desde su calidad de sujeto de derechos. Merecen ser escuchados, atendidos, contenidos y respetados desde sus vivencias; considerando sus sentimientos, necesidades y opiniones como miembros valiosos de su grupo familiar. Más allá de cualquier estrategia, ellos necesitan sentir el cariño incondicional, independientemente de sus logros y de la conducta que muestren; sentirse amados por ser quiénes son y no por lo que hagan o dejen de hacer.
*La autora es psicóloga Equipo Fonoinfancia
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