La vengativa Tisífone

En el Libro VI de La Eneida , libro clásico en el cual se relatan las aventuras de Eneas en su viaje desde la ciudad de Troya arrasada por los griegos, hasta las tierras italianas donde el héroe troyano habría de sembrar las raíces de la civilización romana, el poeta clásico romano Virgilio habla de Tisífone.

En el Libro VI de La Eneida , libro clásico en el cual se relatan las aventuras de Eneas en su viaje desde la ciudad de Troya arrasada por los griegos, hasta las tierras italianas donde el héroe troyano habría de sembrar las raíces de la civilización romana, el poeta clásico romano Virgilio habla de Tisífone.

Tisífone, según relata Hesíodo en su Teogonía ( El Origen de los Dioses ) nació de la sangre derramada por Urano (el Cielo) sobre Gea (la Tierra), cuando fue castrado por su padre Crono (el Tiempo).

Al ser fertilizada con la sangre testicular del Cielo, la Tierra queda embarazada y alumbra a tres hermanas: Tisífone, Alecto y Megera, las que fueron llamadas Erinias (las Vengadoras). Tisífone —dice el mitólogo británico Robert Graves—, es “la vengativa”, Alecto es “la implacable” y Megera es “la celosa”.

Las Erinias se encargan de vengar los crímenes de los humanos y los inmortales. Tisífone castiga los parricidios y los fratricidios. Alecto castiga los delitos de carácter moral, como la ira, la codicia, la soberbia y la avaricia; pero solo los que cometen los hombres porque de los crímenes morales de los dioses se encarga Némesis, quien no se somete a los dioses del Olimpo, está encima de ellos. Y Megera se encarga de castigar los delitos contra el matrimonio y la familia, como la infidelidad, la violencia intrafamiliar, etc.

Tisífone se enamora de Citerón, joven rey de la ciudad de Platea, quien era famoso por su inteligencia y astucia. Citerón es visitado por Zeus en una ocasión en la que este anda de paseo por la Tierra, rumiando su frustración porque Hera, su esposa, no quiere hacer el amor con él, celosa y furiosa por las frecuentes infidelidades de su marido.

—¿Qué crees que puedo hacer para reconquistar las caricias de Hera —pregunta el divino Zeus al mortal Citerón. Y este, sin inhibirse ante el poderoso dios del Olimpo, le aconseja: —Labra en madera una figura perfecta de mujer, ponla de pie sobre una carreta y cúbrela con un manto.

Hace Zeus lo que aconseja Citerón, quien sale a propalar que Zeus ha raptado a una hija del dios río Asopo .

El rumor llega a oídos de Hera, quien, llena de furia desciende del Olimpo a la Tierra, llega a donde está la carreta con la hermosa figura de mujer que se dibuja bajo el manto, la devela y al ver que es una estatua se carcajea por la broma. Y habiendo recuperado el buen humor, la celosa Hera hace a un lado su molestia con Zeus, a quien tanto ama y accede a hacer nuevamente el amor con él.

(Este hecho mítico de Citerón se le atribuye también a Alalcomeneo, fundador y rey de la ciudad de Alalcomenas, en la región de Beocia).

Dije antes que Tisífone se enamora de Citerón. Ella le propone tener una relación amorosa, pero Citerón la rechaza y recibe un terrible castigo por el desaire. Furiosa, haciendo honor al significado de su nombre (la vengativa) Tisífone convierte uno de los largos cabellos de Citerón en una serpiente venenosa que muerde al desdichado rey de Platea, quien muere a consecuencia de la mortal mordedura sufriendo terribles dolores.

Pero Tisífone no solo es vengativa sino también implacable y aterradora. En la referencia a Tisífone que hace en La Eneida , el poeta Virgilio dice que ella guarda la entrada al infierno. “Una torre de hierro se alza en los aires; sentada, Tisífone, ceñida de un manto de color de sangre, guarda el vestíbulo, despierta día y noche. Óyense allí de continuo gemidos y crueles azotes y el rechinar del hierro y ruido de cadenas arrastradas”, escribe Virgilio.

Añade el clásico poeta latino que cuando el juez del infierno dicta una sentencia, “la vengadora Tisífone, armada de un látigo, azota e insulta a los culpados, y presentándoles con la mano izquierda sus fieras serpientes, llama a la turba cruel de sus hermanas”.

Las Erinias (Tisífone, Alecto y Megera) son también llamadas Euménides (las benévolas) según se dice con la intención de la gente de aplacar su ira vengativa. Y los romanos las llaman Furias (cuando están en la Tierra) o Diras (cuando están en el Cielo en compañía de Júpiter).

Columna del día Luis Sánchez Sancho archivo

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COMENTARIOS

  1. manoemono
    Hace 11 años

    Nos urge la presencia y acciones de Megera en Nicaragua. No tanto porque nuestras mujeres no sean suficientemente celosas, sino para que se castigue de manera ejemplar a quienes cometen violencia intrafamiliar e infidelidad en el matrimonio. Estoy aeguro que Megera funcionaría muchísimo mejor que la famosa ley de cuyo número no quiero recordarme…

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