Vieja historia
Déjenme contarles esta vez una historia de amor y de guerra. Hace 137 años un pleito entre una pareja casi termina en guerra. ¿Adivinen entre quién? Si. Nicaragua y Alemania. El marido, Francisco Leal, un nicaragüense machista y autoritario; la esposa, Franziska von Hedemann, una joven alemana insumisa. Él, hijo de una familia políticamente influyente; ella, hijastra del vicecónsul alemán en Nicaragua. La cosa es que el nica tomó muy mal la decisión de ella de separarse, y un mal día, apoyado por policías locales, emboscó a la familia alemana. Disparos y golpes. Y se llevó por la fuerza a la mujer.
Ultimátum
Entre reclamos de Alemania y remedos de juicios se fueron casi dos años. El caso llegó a las más altas autoridades nicaragüenses, pero la Corte lo consideró “un problema meramente familiar” y el Congreso “un escándalo insignificante”. El imperio alemán reaccionó molesto y arrogante. Movilizó cuatro fragatas de guerra a las costas nicaragüenses acompañadas de un ultimátum que exigía cuatro condiciones para evitar el ataque: una disculpa oficial del Gobierno de Nicaragua, un proceso contra todos los implicados, una indemnización de 30 mil dólares y, finalmente, un saludo con 21 cañonazos a la bandera del imperio.
Final feliz
Este episodio lo relató ampliamente el periodista Luis E. Duarte en la revista Magazine hace unos cinco años, y lo recordé ayer cuando un penoso conflicto familiar parecía a punto de desembocar en conflicto entre estados. Sin embargo, al final, esta Alemania no es aquella gobernada por el canciller Otto von Bismarck y el Gobierno de Nicaragua actuó esta vez con responsabilidad y conciliador. Hay que reconocerlo. Las tensiones no pasaron a más y la madre, como correspondía, recuperó a su hijo. Final feliz.
Madres
En pocas ocasiones los nicaragüenses nos ponemos unánimemente de acuerdo. Ayer fue una de esas. La imagen de Ximena Gutiérrez plantada frente a la valla de la embajada alemana dice mucho más que un conflicto de pareja. Despertó la ternura de toda una nación. No fue como en marzo de 1878, donde el chovinismo, de uno y otro lado, se impuso por sobre la razón y la justicia. No estábamos dándole la razón a Ximena por ser nicaragüense ni negándosela al otro por ser extranjero. Se trataba de reconocer y defender como propio ese vínculo, primitivo, ancestral y natural, madre e hijo, que difícilmente hombre alguno, por muy buen padre que sea, podrá establecer.
Humillados
La que no tuvo final feliz exactamente fue la historia del siglo 19 que les conté. Al principio, el Gobierno de Nicaragua se la tomó a fanfarronería alemana, pero cuando llegaron tres fragatas a la costa de Corinto y otra más a Bluefields, ya se supo que el asunto venía en serio. Y se pidió disculpas, se saludó la bandera alemana con 21 cañonazos como se pedía, se entregó la indemnización de 30 mil dólares para lo cual, dijo el gobierno, “hemos cerrado algunas escuelas y despedido a maestros y funcionarios”, pero se negoció el juicio contra los implicados “para no crear mayor agravio”. Ah se me olvidaba, la pareja en disputa al final se reconcilió y se quedó viviendo en Granada hasta el final de sus días. Pablo Leal, héroe de la lucha contra Somoza, y Ernesto Leal, excanciller, son descendientes de ellos.
Garrotazo
Me van a disculpar que cambie violentamente de tema en este último punto, pero no puedo dejar de insistir en algo que a mí me resulta inexplicable. A estas alturas, cuando el petróleo ha llegado a mínimos de hasta 42 dólares el barril, es justo que nos preguntemos ¿qué sociedad somos? Sabemos que nos están dando en la nuca con el bate de aluminio y más bien nos acomodamos para recibir el garrotazo. Seguimos pagando el combustible y la energía eléctrica como si el petróleo siguiese a 110 dólares el barril en el mundo. Nunca una víctima fue tan cómplice de su victimario como en esta ocasión, donde el asalto se realiza diario, a la luz del día y de forma masiva. Esto no es de ideología ni de partidos. Y los orteguistas podrán repetir y hasta creer esos absurdos argumentos con que se quiere justificar el asalto, pero no por ello dejarán de ser sus víctimas también porque aquí nos están llevando en el saco a todos.
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