El Teniente Primero del Ejército de Nicaragua y jefe del cuerpo médico de la V Región Militar, Yader Montiel Meza, ha sido juzgado apresuradamente y condenado por emitir una opinión cuando se dieron los hechos sangrientos del violento desalojo de los campesinos de El Tule.
Seguramente al vivir de cerca como médico la tragedia humana cuando atendía a los heridos en el centro de salud de El Tule la noche del 24 de diciembre del 2014, Montiel comparó aquel acto de represión gubernamental contra los campesinos que protestaban por el Canal, con la “Navidad Roja” de los años ochenta.
Así se le llamó al gigantesco operativo militar que tuvo lugar en la Navidad de 1982 y enero de 1983 en la ribera del río Coco, donde miles de campesinos fueron desalojados de forma violenta y masiva de sus tierras y reubicados, para restarle base social a la Resistencia Nicaragüense que operaba en la zona, por eso se llamó “la Navidad roja”.
Seguramente algún “oreja” que estaba en el Centro de Salud pasó la “información de inteligencia” a esferas superiores y de allí en adelante comenzó el calvario de este médico militar, que aún bajo licencia o en vacaciones, no dejó de hacer honor al juramento hipocrático de su profesión, atendiendo a los heridos donde más se necesitaban sus servicios.
Se le acusó y condenó supuestamente por violar el artículo 175 inciso C del Código Militar que establece el delito contra el “decoro militar” y que establece una pena de tres meses y un día a dos años de prisión a quien “cometiere actos de conducta deshonesta, indecente, indecorosa o inmoral, que resulte en perjuicio del buen orden y disciplina del Ejército”.
Es evidente que el procesado no ha cometido este delito, no ha robado, no ha andado desnudo exhibiéndose por alguna calle de Managua, no ha tenido una conducta inmoral o indecorosa, ni tampoco ha causado ningún perjuicio al buen orden y disciplina del Ejército. Si este le condena ahora, la sociedad y la historia le absolverán más temprano que tarde.
No se le condena por pensar, sino por pensar diferente. ¿Qué hubiera pasado si el Teniente Primero Yader Montiel hubiera externado, por ejemplo, su satisfacción ante la continuidad al mando del Jefe del Ejército, general Julio Cesar Avilés, o que está bien que las banderas del partido FSLN sean pareadas y alternadas con la bandera nacional en los actos oficiales del Ejército?
Es posible que le hubieran promovido, pero ciertamente no hubiera sido castigado, a pesar que cualquiera de estas opiniones hubiera reflejado un contenido político de mucha mayor trascendencia que el de la comparación con la “Navidad Roja”. Definitivamente el Teniente Primero y médico militar Yader Montiel es un prisionero de conciencia.
Ahora el problema se le ha vuelto grande al Ejército, una simple opinión de un médico militar que estaba en vacaciones y se activó para servir a la humanidad, ha metido en serios aprietos a la institución militar, al punto de que el Cenidh va a llevar el caso a Amnistía Internacional.
Por su parte, el Consejo Nacional por la Defensa de la Tierra, el Lago y la Soberanía, anunció que realizaría hoy miércoles una marcha en San Carlos, ya no solo contra el Canal, sino que en respaldo al médico, Yader Montiel.
Lo mejor que podrían hacer ahora para cortar el daño que se han auto inflingido, es ver cómo se anula el juicio cuya sentencia la darían a conocer el lunes pasado, pero la han trasladado para el viernes 20, quizás para pensar las cosas más en frío y medir bien las consecuencias.
No es deshonesto ni inmoral emitir una opinión, es un derecho constitucional (aún con todas sus reformas), que todavía tenemos todos los nicaragüenses.
Creo que el sustrato básico constitucional (artículo 93) del Ejército de Nicaragua, que es “una institución nacional, profesional, apartidista, apolítica, obediente y no deliberante”, no implica que sus miembros tengan prohibido pensar, sino que deben ser obediente al poder civil y no deliberar en los asuntos de estado o políticos, porque entonces tendríamos, a como bien decía el doctor Emilio Álvarez, un cuerpo de políticos con pistolas, compitiendo por el poder con políticos sin pistolas. Una tragedia recurrente en nuestra historia.
El autor es diputado de la Bancada del PLI.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A