Hebé y Hércules

Mi amigo suizo, Werner Hobarty, quien es tan asiduo lector de esta columna que cuando no la escribo me llama al teléfono para inquirir por qué, me preguntó por el nombre de la diosa griega de la juventud.

Mi amigo suizo, Werner Hobarty, quien es tan asiduo lector de esta columna que cuando no la escribo me llama al teléfono para inquirir por qué, me preguntó por el nombre de la diosa griega de la juventud.

Hebé, le respondí y automáticamente pensé escribir algo sobre ella. Pero luego recordé que ya en mayo de 2005 publiqué una columna sobre esa divinidad, que para los antiguos griegos representaba a la juventud.

En la columna sobre Hebé que fue publicada hace más de nueve años, conté que ella era hija de Zeus y Hera. Por su belleza y gracia incomparables su padre la declaró diosa de la juventud y le asignó la función de servir el néctar o vino de los dioses en los banquetes del Olimpo. Y dio Zeus a su hija Hebé la facultad de rejuvenecer a los ancianos y envejecer a los niños.

Durante uno de los banquetes olímpicos, mientras servía el vino a los dioses en sus copas de oro Hebé resbaló y cayó al suelo de manera inapropiada. Zeus castigó por eso a Hebé relevándola de su función de copera olímpica, y la dio a Ganímedes, un joven amanerado por quien el dios supremo del Olimpo sentía especial predilección.

Pero Hebé era la hija favorita de Hera (sus otros hijos fueron Ares, dios de la guerra, Ilitia diosa de los partos y Eris diosa de la discordia), y le encargó atender los caballos y mantener preparada la carroza en la que se desplazaba por el cielo. Después, cuando Herakles (Hércules según los romanos) murió y fue divinizado, Hera le dio como esposa a Hebé.

Hércules murió después de realizar sus doce fabulosas hazañas que fueron: 1) Matar al fabuloso León de Nemea, un ser monstruoso que era hijo de Tifón y Equidna, al que Hércules estrangula y desolla usando las garras de la misma fiera; 2) Matar a la gigantesca serpiente de varias cabezas llamada Hidra de Lerna, que también era hija de Tifón y Equidna; 3) Matar al gigantesco y feroz Jabalí de los bosques de Erimanto, depredador de humanos y animales; 4) Dar alcance y atrapar a la velocísima Cierva de Cerinia, que tenía las pezuñas de bronce y los cuernos de oro; 5) Matar a las Aves de Estínfalo, que con sus garras y picos de bronce mataban gente y ganado. 6) Limpiar los Establos de Augías, que nunca habían sido aseados y su putrefacción infectaba las comarcas vecinas. 7) Atrapar al Toro de Creta que echaba fuego por las narices y destruía todo lo que encontraba a su paso. 8) Domar a las Yeguas de Diómedes que se alimentaban con carne humana. 9) Quitarle su cinturón mágico a Hipólita, reina de las Amazonas. 10) Apoderarse de las inmensas manadas de bueyes del gigante Gerión. 11) Atrapar al Can Cerbero, feroz y asesino perro guardián de la entrada y salida del Infierno, que tenía tres cabezas y por cola una serpiente. Y, 12, apoderarse de las Manzanas de Oro que Gea dio como regalo de boda a Hera y esta las sembró en el Jardín de las Hespérides.

Pero Hércules realizó aún otra hazaña fabulosa, que el poeta y escritor nicaragüense Salomón de la Selva en su novela mitológica Ilustre familia llamó el “Décimo Tercio Trabajo de Hércules”. Esa hazaña fue la de poseer sexualmente, de manera consecutiva cada noche, a 39 de las 40 hijas de Tespio. Solo Leda, la menor de las hermanas, se escapa del furor sexual de Hércules porque aún era una niña y fue sustituida por su hermana mayor Policasta, quien por eso yació dos veces con el insaciable semidiós.

Después de su muerte y divinización, Hércules o Herakles tuvo dos hijos con Hebé: una niña llamada Alexiares, que significa “la que ahuyenta la guerra”, y un varón nombrado Aniceto, cuyo significado es “el invencible”. Alexiares y Aniceto se quedaron eternamente niños seguramente por ser hijos de la diosa de la juventud.

Según una antigua leyenda Hércules bajó a la Tierra varias veces, en compañía de Hebé. En una de esas ocasiones lo hizo para ayudar a Yolaos, quien defendía a los Heráclitas (hijos de Heracles) de las agresiones de Euristeo. En otra para convencer a Filoctetes de que tenía que ir a la Guerra de Troya, para lo cual le dio su fabuloso arco con el cual se dio muerte al príncipe troyano Paris.

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