Entre las figuras más conocidas y respetadas en Estados Unidos, se encuentra la de John D. Rockefeller uno de los hombres más ricos que ha existido en ese país, reconocido como un gran filántropo, promotor y financista de incontables centros de beneficencia, médicos, culturales, educativos, etc., que representan donaciones de miles de millones de dólares.
En el año 1900, Rockefeller se retira como presidente de la Standard Oil, una pionera empresa refinadora de petróleo en el mundo, con un capital de 1,000 millones de dólares, suma respetable para aquella época. Este controversial filántropo fallece en el año 1936, luego de una larga, productiva y afortunada vida empresarial e individual, algo muy difícil de comprender si comparamos a JDR con la inmensa mayoría de seres humanos.
El extraordinario talento empresarial de JDR pudo desplazar sin piedad a competidores que trataron de confrontarlo por entonces. Sin embargo JDR subsanó luego sus ardides de dudosa moral, con admirables actos de filantropía y por estas virtudes y valores en provecho de sus semejantes, se conoce y respeta su memoria, extensiva a los altruistas herederos que le sucedieron dentro de la prestigiosa familia Rockefeller.
La Biblia menciona numerosos casos de pobres y ricos de una forma u otra, con una notoria preferencia por los pobres y cierta exclusión de los ricos. “…Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico se salve…”
No obstante el mismo Jesús tuvo amigos y admiradores ricos e inmersos en la política — Sanedrín—, como Nicodemo y José de Arimatea.
Aristóteles, no creía en la igualdad de los hombres y en la vida comprobamos fácilmente, que los hombres no nacen, ni viven, ni mueren iguales.
Algunos nacen genios “específicos” para una actividad determinada y otros polifacéticos, como Leonardo da Vinci, Omar Khayyam o José Echegaray. Pero veamos aquí talentos o habilidades innatas de algunos individuos para hacer mucho dinero y que sobresalen ante el asombro de sus semejantes. Podemos citar en Occidente a Bill Gates, Warren Buffet y el provecto y favorecido “playboyista”, Hugh Hefner, que recientemente se casó con una agraciada joven, muchas décadas menor que él. La gran mayoría de estos fenómenos financieros, se conocen públicamente y son tan filántropos y generosos con la humanidad, como el mismo Rockefeller.
Bajo una óptica puramente material, todos admiramos y envidiamos sanamente a los hombres que trabajan y luchan duro por la vida, explotan sus talentos, triunfan y se destacan sobre los demás en forma arrolladora.
Lo que aleja al hombre rico de la Divinidad, no es su dinero logrado honestamente, sino los anti-valores concomitantes que pueden surgir como consecuencia: la injusticia, la ambición desmedida, el egoísmo, el apego desenfrenado, la soberbia y el desprecio por los demás, etc.
El gran Rockefeller advirtió a tiempo que la caridad, la prodigalidad y el beneficio colectivo a los demás era lo que realmente importaba y esa actitud sincera de compartir sin egoísmo sus riquezas con la humanidad, fue el afortunado final de su bienandanza económica.
Los pobres existen en esta tierra, como producto de la injusticia, de la inequidad, de gobiernos corruptos e ineficientes, de ideologías rampantes y esclavistas, de la falta de educación y oportunidades inherentes a su mismo pauperismo, a la marginación social y económica, etc., pero no es culpa de los ricos bienhechores y sensibles, que ya nacieron con una estrella en la frente y solo explotan sabiamente sus dones para contribuir al progreso, sin dañar o explotar a sus semejantes.
¡Comprendamos y admiremos a los ricos necesarios y beneficiosos para la humanidad! ¡Celebremos a los pobres esforzados, aquellos que con su valiente decisión de prepararse, superarse, de trabajar duro, con tenacidad, constancia y en contra de todos los obstáculos, logran salir milagrosamente de su pobreza!
Sin embargo, tened presente en vuestro corazón: “…A los pobres siempre los tendréis, pero a Mí no me tendréis…”
El autor es Ingeniero Civil.