Una marea humana acompañó el ataúd del escritor Yasar Kemal, a su entierro en el céntrico cementerio de Zincirlikuyu en Estambul.
Junto a Orhan Pamuk, quien obtuvo el Nobel en 2006, Kemal es uno de los escritores más reconocidos de la literatura contemporánea turca. El Halcón incluso llegó al cine con la película Memed My Hawk (1984), dirigida por Peter Ustinov. Ambientada a principios del siglo XX, narra la historia de Memed El Flaco, quien de niño se escapa de la esclavitud y la explotación de un señor feudal y huye a las montañas. Memed se convierte en líder rebelde y regresa para luchar por su pueblo.
Su obra estuvo estrechamente ligada a la tradición heredada de sus antepasados kurdos y la dura realidad de sus padres agricultores. “No creo en un arte separado del pueblo, mi literatura está al servicio del proletariado”, decía. De niño vivió experiencias traumáticas, como la pérdida de visión de un ojo por un accidente.
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El funeral, transmitido en directo por numerosas cadenas de televisión, contó con la asistencia del expresidente Abdullah G l, el presidente del Parlamento, Cemil iek, y los líderes de los partidos opositores Kemal Kilidaroglu y Selahattin Demirtas, así como numerosos literatos y artistas.
Miles de ciudadanos se agolpaban para llevar el ataúd y gritar “Nuestro orgullo es Yasar Kemal”.
Desde su pueblo Hemite, en la provincia meridional de Osmaniye, se trajeron puñados de tierra para cubrir su tumba.
Kemal murió a la edad de 92 años, tras seis semanas de hospitalización por problemas cardíacos y pulmonares.
CANDIDATO AL NOBEL
El escritor de origen kurdo no solo era considerado el mejor novelista de Turquía, eterno candidato al premio Nobel, sino también un valiente activista a favor de las clases desfavorecidas y especialmente por la paz en las regiones kurdas.
“Quienes lean mis libros no deberían ser capaces de matar ni de ir a la guerra, ni de mentir. Es lo que deseo”, dijo el escritor en una de sus últimas entrevistas.
Fue arrestado por primera vez a los 17 años, por “activismo comunista”, y por última vez en 1995, tras publicar en la prensa alemana una columna muy crítica con la represión militar de los movimientos kurdos.
Kemal ha marcado varias generaciones de periodistas y escritores turcos, tanto por el valor literario que dio al lenguaje del pueblo y sus tramas emocionantes, como por su compromiso político, que también demostró como periodista.
Hoy ha sido enterrado al lado de quien fuera, hasta su muerte en 2001, su esposa y su traductora al inglés, Tilda Serrero, sefardí de Estambul.
Le sobrevive su segunda mujer, Ayse Semiha Baban, quien recibió las condolencias de numerosos artistas y altos cargos, entre ellos el del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.
CONDENADO A PRISIÓN
Pero la más fuerte fue haber presenciado el asesinato de su padre a manos de un hijo adoptivo, cuando tenía 5 años. Su carrera como periodista forjó su estilo de fácil lectura e historias basadas en la historia turca. En los noventa fue condenado a veinte meses de prisión, luego revocados, por denunciar la represión de las minorías en su país.
Al recibir el Premio de los Libreros Alemanes en 1997, explicó su postura: “Turquía no era una verdadera democracia en los años cuarenta y cincuenta y no lo es tampoco ahora. Los kurdos, que poseen una riquísima lengua, prohibida durante muchos años, no tienen derechos democráticos y, hasta que este problema se resuelva, no habrá verdadera democracia en Turquía”.
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