Como en algunas ocasiones he utilizado la metáfora de la “vacuna contra la rabia”, algunos de mis lectores me pidieron que explicara la teoría política de esta vacuna. Entonces acudí a los analistas políticos de Acoyapa para que estudiaran el tema.
Me dijeron que para este estudio, debían empezar, desde el punto de vista metodológico, analizando el paralelismo que pudiera existir entre Daniel Ortega y Anastasio Somoza. Después del análisis, la conclusión de mis paisanos favoreció indudablemente a Ortega.
El trato que Somoza le daba generalmente a la oposición política beligerante era represivo, —“curativo” podría decirse— en cambio el trato que Daniel le da a la inmensa mayoría de los dirigentes de los partidos políticos opositores es “preventivo”.
Hablando en términos de salud pública, y permítanme esta sucesión de metáforas, la principal diferencia que existe entre Somoza y Ortega está referida a la diferencia que existe entre la medicina curativa y la medicina preventiva. Somoza trataba de “curar” por regla general o con medicina (cárcel) o con el bisturí (la muerte). En cambio, a Daniel desde enero de 2007 le empezó a preocupar no “curar” sino “prevenir” las enfermedades. Por esta razón, utiliza con gran acierto la vacuna contra la rabia, hasta tal punto que, Ortega se ha vuelto o un consumado vacunador profesional o un insigne profesional de la vacuna.
Daniel sabe que la vacuna contra la rabia contribuye a mantener un excelente nivel de “salud política” de los dirigentes de los partidos opositores, con lo cual evita no solamente que lleven a cabo acciones desestabilizadoras en las calles, sino también actividades conspirativas. Por esta razón no existen presos políticos en nuestro país.
Los analistas políticos de Acoyapa consideraron que era importante recordar que la cantidad de vacunas que Daniel ha recibido de Venezuela es inmensa, hasta tal punto que pueden afirmar, y que no era descabellado decir, que Ortega puede seguir vacunando por 28 años más.
De pronto, en esta reunión de los analistas acoyapinos, el que hacía de moderador, expuso que después de escuchar todas las intervenciones él se imaginaba que Daniel siempre andaba listo con una jeringa y mano alzada, para vacunar contra la rabia. Inmediatamente muchos de los presentes manifestaron su desacuerdo con esa “imagen”, porque argumentaron que Ortega no solamente vacuna contra la rabia con inyecciones de dinero en efectivo —que es cuando quizás utiliza la jeringa— sino que vacuna con negocios, con puestos públicos, etc.
Y refiriéndonos a puestos públicos, ¿cuántos son los políticos opositores que vivían hablando barbaridades de Ortega y de repente, de la noche a la mañana, por haber conseguido un puesto público o por haber conservado el que tenían, cambiaron de discurso y empezaron a amar a Daniel? Realmente no son pocos, y por elocuentes que sean sus explicaciones sobre su “cambio ideológico”, el pueblo no es tonto, el pueblo detecta quiénes tienen “una voz avacunada”.
El presidente de los analistas políticos intervino para aconsejar que no se debía hablar en términos absolutos, porque existen algunos dirigentes de partidos políticos opositores, que por cierto son poquísimos, que no son vacunables, quizás porque la vacuna les puede producir alguna reacción alérgica: un shock anafiláctico. Pero son tan pocas estas excepciones, y tan poca su eficacia política, que no tienen ninguna importancia, es decir, que no tienen ninguna incidencia en la vida política nacional.
Pero es interesante señalar un curioso fenómeno al que me referí en otro ensayo que publiqué en La Prensa. Es impresionante la cantidad de dirigentes políticos opositores que andan ansiosos de que Daniel los vacune contra la rabia. Dicen los analistas de mi pueblo —que son independientes— que ya no creen absolutamente en la clase política “opositora” de este país, porque sus miembros se clasifican así: 1º) opositores vacunados; 2º) opositores que no han sido vacunados, pero que andan desesperados buscando la vacuna y 3º) opositores que no quieren ser vacunados —los alérgicos— pero que no sirven para nada.
Estando así las cosas —lo repito— Daniel seguirá en el poder hasta dentro de 28 años, con el respaldo de los sandinistas, de los vacunados, de los que no pierden la esperanza en ser vacunados, de los alérgicos y de los indiferentes.
El autor es abogado y escritor, autor de El síndrome del figureo.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A