No era un día común, era el día en que Edgard López llegaba a probarse al equipo de Rivas con 18 años en 1992, para nunca dejar de agitar el madero 22 años después. Detrás del jugador que está por ingresar al grupo de 1,500 imparables, está la vida del hombre que dejó los estudios de odontología en segundo año, el muchacho que decidió darle un giro a su vida cuando su mamá le pedía que no se dedicara al deporte. Ahí donde el destino da un sinnúmero de giros, pero que la recompensa es la fama, idolatría y hasta heroísmo, López quiso probarse, y al final consiguió ser un nombre referente de su ciudad.
Para ser lo que es ahora López ha peleado con las equivocaciones, aprovechando las reflexiones. López evitó ser como un barco en la mar sin instrumentos de navegación, y con cada temporada que pasaba una sinfonía de hits lo acompañaba. Su grandeza ha sido la capacidad de enmascarar la dificultad de una tarea con el fin de que lo complicado parezca fácil.
El domingo en Estelí decidió no jugar, fue una idea que estuvo divagando durante toda la semana en su mente. Ya había hablado desde antes con el mánager. Deseo conectar el hit 1,500 en mi tierra. la gente me apoya y sabe que lo he dado todo por llevar al equipo hasta donde mis facultades me lo han permitido, explica López.
EL INICIO DEL CAÑONERO
En una finca cerca de la ciudad de Rivas, lloraba un niño. Había nacido Edgard López. Sus padres querían que fuera de todo, menos deportista. Aunque a mi papá siempre le gustó el beisbol, pero solamente del lado recreativo, explica el hombre que tiene un hijo de 16 años con su mismo nombre.
Luego con el pasar del tiempo, cuando la Liga de Primera División exigía dos menores, tuvo una oportunidad de probar su destino en la ruleta del deporte. Adalid López lo convenció que tenía talento y el resultado fue que hizo el equipo.
Fue muy bonito pertenecer al Rivas, pero luego tuve que dejar la odontología, carrera que estudiaba en la UNAN-León, en segundo año. Yo decía, ya no quiero estudiar. En ese tiempo quería ser independiente y con los 3,000 mil pesos que ganaba me sentía realizado, relata, mientras visualiza un futuro no sin el fuego y aura del beisbol, sino más bien, cobijado de experiencia, transmitiendo sus conocimientos.
“Me imagino el hit 1,500 de una forma especial. Mi principal deseo es conectarlo en mi casa, junto a mi fanaticada, mi familia, ¿qué puedo decir? Al lado de todos los rivenses que me han apoyado”. Edgard López, beisbolista.
FIRMA CON LOS BRAVOS
En 1995 se convirtió en un pelotero de Liga Menor, pero su inmadurez en una acción hacia sus entrenadores provocó que lo apartaran de la organización. Más tarde, López se dio cuenta que el manejo inadecuado de la juventud se curaba con los años.
Con 40 años, se encamina a su última temporada en el beisbol nicaragüense. No es porque se sienta veterano, tampoco cansado. Él, un hombre de fe, se aferra a que todo tiene su tiempo, versículo bíblico que se lo transmitió su mamá católica, y el suyo llegó. El viejo león se ha dado cuenta que ha llegado su invierno, solo a la espera de cumplir su meta este año.
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