¡Vamos todos a leer!

Suena trillado hablar de la necesidad de retomar el hábito de la lectura, pero es que duele comprobar día a día que nuestros niños, adolescentes, y jóvenes no leen.

 

Suena trillado hablar de la necesidad de retomar el hábito de la lectura, pero es que duele comprobar día a día que nuestros niños, adolescentes, y jóvenes no leen.

La tecnología moderna con sus muy atractivas aplicaciones a las redes sociales y un sin fin de variados juegos, atrapan sus mentes en formación y les roban el tiempo que pudieran dedicar a la lectura de libros convencionales.

En las generaciones pasadas, la lectura era una delicia que contribuía a mejorar la redacción y ortografía de los jóvenes estudiantes de primaria y secundaria.

Al sugerir a un niño o joven que tome un ejemplar de El Principito, no es de su agrado, mucho menos que voluntariamente tome un ejemplar de El Quijote, pues con solo ver el grueso del ejemplar, se espantan.

No leen periódicos, no analizan un texto y se limitan a escuchar las indicaciones del maestro de lengua y literatura sin esforzarse en profundizar el contenido de la explicación, porque es mas fácil buscar en internet cualquier forma de distracción y en caso de investigaciones escolares “copiar y pegar” resúmenes, o conclusiones que haya escrito cualquier estudioso sobre el tema que está investigando.

El hábito de leer debe cultivarse desde temprana edad, tomaremos como parámetro a Rubén Darío, que a los 3 años ya sabía leer, debemos procurar que nuestros niños lean a los 5 años e ir iniciándoles en la lectura comprensiva con historias y cuentos adecuados a su edad y que lleguen a la comprensión por sí solos de que leer es un hábito sano que agiliza la mente, culturiza al individuo y proporciona distracción y entretenimiento.

Debemos insistir en que lean a nuestros autores nacionales y aprovechemos la coyuntura sobre las celebraciones de Rubén Darío, para que lean los escritos de esta gloria nacional ya que muchas de sus obras están siendo reproducidas en ejemplares populares a muy bajo costo.

Se nota un esfuerzo de ciertos centros educativos nacionales para que estudiantes seleccionados declamen los poemas de Darío, porque la declamación es una actividad que ya no se practica o se practica muy poco. Vemos con sorpresa que haya escuelas que estén impulsando esta notable práctica.

Hagamos lo propio en nuestros hogares, impulsemos a los estudiantes de los distintos niveles escolares que tengamos en casa para que lean, declamen, y hagan en cada lectura un análisis que les permita comprender el contenido de la misma.

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