Contrario a lo que muchos esperaban, bajo el liderazgo nacional del diputado Eduardo Montealegre en la presidencia del histórico Partido Liberal Independiente (PLI) se ha mantenido la cohesión y unidad de este grupo opositor, cosa por lo demás harto difícil en estos tiempos de crisis y de canibalismo político.
Iniciando por el caso de la bancada de diputados opositores, de los 26 originalmente electos bajo la bandera del PLI únicamente dos han abandonado las filas del liberalismo independiente, lo que equivale a menos de un 10 por ciento de deserción en este nivel de dirigencia de cúpulas. Además el PLI cuenta con el respaldo monolítico de los más de 800 concejales propietarios y más de 800 suplentes electos a nivel nacional en el año 2012.
A niveles intermedios, aún más prioritario, la cohesión se ha mantenido con los alcaldes, vice alcaldes y juntas directivas municipales renovadas en los 153 municipios del país cuyo proceso de selección culminó democráticamente en la convención nacional extraordinaria del día 6 de abril del año 2014 con la elección del licenciado Montealegre como presidente nacional.
Esta actuación del PLI con sus debilidades y defectos ha sido una muestra palpable de renovación, actualización, apego a principios éticos y nueva visión de corte demócrata y liberal.
La dirigencia nacional del PLI participó hace poco en la conferencia brindada por la destacada politóloga guatemalteca Gloria Álvarez, quien estuvo de moda en los medios de comunicación abordando el tópico sobre la construcción de nuestra república. En este aspecto muchos señalamos que es muy cómodo dictar conferencias basadas en teoría, a como lo hace desde un sillón de Miami el escritor cubano, Carlos Alberto Montaner, y no tener la capacidad de concretarlo en la vida real en sus respectivos países, principalmente Cuba y la vejación de medio siglo.
Por el lado oficial, está comprobado que el orteguismo le tiene terror a elecciones libres, saben que no cuentan con la voluntad del pueblo. El estilo de gobierno orteguista es totalitario, dictatorial y forma parte de una burda espiral de corrupción que en la región solo es superada por sus pares de Venezuela y Cuba. En cambio el PLI ha enfocado el trabajo persuasivo a concretar una unidad democrática amplia y sincera, basada en principios de participación democrática y no una sopa de letras y partidos de oficina.
Quienes quisieran ver al licenciado Montealegre vociferando o despotricando al mejor estilo de los criollos machetones y caudillos que han gobernado Nicaragua, deben saber que es su defendido, Ortega el caudillo que se sostiene por medio de dádivas y prebendas, el uso de la violencia y la represión con fines de chantaje político-partidario. El PLI no ostenta desde su posición actual los mecanismos de poder absoluto que permitan este tipo de caudillismo desfasado.
No es un Estado centralizado como el de Ortega, sin transparencia y con ansias de poder, un regreso al negro y oscuro pasado de la noche oscura sandinista. Así no se logra el esperado desarrollo económico, equidad social y combate a la pobreza que el pueblo demanda.
El autor es abogado y notario público.