Querida Nicaragua: No me da vergüenza ajena sino que propia cuando llega el aniversario del nacimiento del nicaragüense universal, del genial Rubén Darío y pasa casi desapercibido. Y digo casi porque seguramente algunos pequeños círculos de intelectuales que valoran al poeta, quiero creer que se reunieron aunque fuera en pequeños recintos para rendir homenaje a la memoria del ilustre príncipe de las letras castellanas.
Hace 148 años nació Rubén, camino a Metapa y en una vieja carreta, casi en un pesebre, dice su biógrafo Valentín de Pedro, en un pequeño libro que todos pueden leer porque ha sido editado por la colección Para que Leamos, que es un aporte formidable a la cultura nacional. Todos los libros de la colección Para que leamos, se venden en 25 córdobas, menos de un dólar. Una obra cultural magnífica de la cual hablaremos otro día.
Al pasar por la Carretera Panamericana a la orilla de Metapa, hoy Ciudad Darío, esperaríamos ver al menos en estos días del aniversario de su nacimiento, siquiera un hermoso rótulo de los centenares que promocionan al señor don Daniel, diciéndonos que nos detengamos un rato, que ahí nació el más grande genio de la literatura castellana, que visitemos su casa natal y veamos el sitio donde nació, la cama donde durmió con su madre siendo un tierno niño, el patio donde dio sus primeros pasos.
En estos días Ciudad Darío debería estar de fiesta, ofreciendo recitales cada noche, invitando a intelectuales darianos del mundo internacional, promoviendo la obra de Rubén Darío entre los estudiantes de primaria y secundaria de todo el país con el doble propósito de conocer a Darío y rendir homenaje al más grande de los poetas nicaragüenses. Pero al parecer no hubo nada de eso, la autonomía municipal ha desaparecido y los señores alcaldes no tienen iniciativa alguna como no sea la que baja de las alturas del gobierno.
En el primer centenario del nacimiento del poeta, según me cuentan algunos personajes del lugar, el gobierno de los Somoza quiso que el aniversario dariano fuese celebrado en Ciudad Darío como si fuera una fiesta patronal. Ordenó que se hicieran chinamos, barrera de toros, juegos de azar, palo lucio, toro encuetado y en fin, convertir el aniversario dariano en un fiestón popular. Gracias a Dios monseñor Santi, sacerdote muy querido en Ciudad Darío, que fue el cura del lugar por muchos años, se opuso fuertemente y no permitió que se hiciera la tal fiesta patronal. Monseñor quería una celebración cultural, no una promoción del alcoholismo y las borracheras.
En realidad al “paisano inevitable” como solían llamarle los irreverentes poetas de la nueva ola del movimiento de Vanguardia de los años 30, nunca se le ha celebrado con la dignidad del caso ninguno de sus aniversarios. Si alguien recuerda aquellos tiempos de “los chicos de la prensa” y sus veladas y sus musas darianas, aunque participaban bellas muchachas de la época, no eran más que desfiles de modas y discursos que hoy nos parecen mera cursilería.
El 18 de enero pasó desapercibido. El pobre Rubén desde su solitaria estatua de mármol no logra conmovernos. Seguimos recibiendo culatazos, torturas, bombas y muertes, soportando dictaduras permanentes, corrupciones que se multiplican, luchando contra intervenciones extranjeras que han encontrado al dictador ideal para partir en dos nuestro país y tomar la soberanía nacional. Hemos permitido que nos lleven por el camino equivocado y marchamos hacia la servidumbre.
Rubén Darío está cumpliendo su 148 aniversario y los ministerios de Educación y Cultura parecen no enterarse. Hay bachilleres que no han oído hablar siquiera de “la dramática vida de Rubén Darío”, la más completa biografía escrita por el profesor Edelberto Torres Espinoza. Vayan al menos al súper La Colonia. Ahí encontrarán por 25 córdobas Vida de Rubén Darío en la preciosa colección Para que leamos.
El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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