De las celdas de la Galería 300, de máxima seguridad existente en el país, únicamente se conoce lo que los presos les comentan a sus familiares. De acuerdo con los relatos, el espacio destinado para que los reos permanezcan recluidos son verdaderas bodegas donde estos purgan sus penas.
El extremo silencio oficial ha impedido que esa cárcel sea conocida, ni siquiera desde la parte exterior pues está ubicada en los predios de La Modelo. Aún los defensores de derechos humanos no han podido entrar a la misma.
Estima que desde que se fundó ese penal en abril del año pasado, han recibido unas cincuenta denuncias, a través de las que explican que las celdas en las que están sus parientes son “microhornos” , que tienen una extensión de dos metros de ancho por dos metros de largo, que son herméticas con una puerta de metal con una apertura de unos cinco a diez centímetros, en clara violación a los derechos humanos, pues permanecen en condiciones “denigrantes”. Más parecen celdas de castigo y “parece que el objetivo es que fallezcan allí en el menor tiempo posible”, apuntó Cuevas.
“El sistema de seguridad lo usan en algunos países, pero para poder implementarlo aquí debieron haber reformado la Constitución y las leyes 473 y l a 745, que regulan el Sistema Penitenciario Nacional. [/doap_box]
Los familiares que visitan a los presos tan solo tienen acceso a una sala de visitas, donde pueden ver desde un vidrio. Y cada mes que les toca la visita conyugal las mujeres dicen que llegan descalzas y sin el sostén, después de pasar tres requisas de funcionarios.
Aunque se estimaba que este local albergaría únicamente a presos vinculados con el crimen organizado y narcotráfico, el 19 de noviembre empezaron a trasladar presos por otros delitos. No se sabe a cuántos.
Anielka Lindo dice que su cónyuge fue uno de los internos de La Modelo trasladados el 19 de noviembre, pese a que está por robo, con una pena mínima de cinco años.
“SON UNOS HORNOS”
LA PRENSA logró conocer a través de terceras personas la descripción que hacen los internos de las celdas: “Son unos hornos y solo dos cabemos. Hay unos faros que se los ponen en dirección a las celdas y eso lo quema hasta el cuerpo a uno”, dicen.
Blanca Guillén, presidenta de lo que la dirección del penal llamó Consejo de Familia, con quienes se reúnen al menos una vez a la quincena, señaló que tanto la alimentación, la ventilación del penal, así como el trato que reciben los presos son pésimos.
Con la protesta efectuada por las mujeres en mayo del año pasado, la que coincidió con la llegada de los miembros del Subcomité Contra la Tortura, de las Naciones Unidas, lo único que cambió fue que las mujeres no observaran la llegada de sus parientes al paso que les permiten los grilletes. Cuando llegan ya están sentados.
La comunicación es a través de un teléfono y según Mary Gálvez, cónyuge de un reo de origen mexicano, la conversación es grabada. Guillén lo confirma pues dice que “se escuchan las voces” de los que escuchan.
Anielka Lindo piensa que las condiciones del encierro es lo que se les hace insoportable a los reos que ya han empezado a enfermarse. Y es que las celdas son demasiado pequeñas, apenas alcanza un camarote de dos camas, “del que baja, da dos pasos de frente y casi donde concluye la extensión del camarote está el sitio donde se baña (…), no tienen más espacios y no salen”, afirmó Lindo.
Una vez por semana los sacan “dicen ellos a sol, pero es un cuarto donde tiene hoyitos (en el techo) el que puede agarrar sol lo agarra y el que no, no”, sostiene Lindo, cuyo esposo ya sufre de dolores de cabeza, que la mujer considera es debido a esta forma de encierro. Pero criticó que aunque les ingresan los medicamentos no se los entregan a tiempo o no se los entregan del todo. Tampoco pueden reclamar. En una ocasión el esposo de Lindo tocó los barrotes de la celda para pedirlos. Esto fue mal visto y los funcionarios lo golpearon.
Las mujeres hablan de otras anomalías como privilegios para los presos “adinerados”, como sucedió con Bismarck Antonio Lira Jirón, sentenciado por narcotráfico. Él fue uno de los siete de la banda hondureña de Los Cachiros, designados por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Extrañamente pese a esos antecedentes no está en esa Galería, fue devuelto a la Modelo. Otra de las anomalías que mencionan es la venta de celulares hasta por 500 dólares y acusan de este negocio a los mismos funcionarios del penal, pues dicen por ejemplo, que no es verdad que un Blackberry una mujer pueda esconderlo entre sus partes íntimas como se les señala.
Mary Gálvez señaló que los medicamentos que ella le lleva a su cónyuge para los problemas de la piel no se los entregan. Asimismo demanda que los reos extranjeros sean enviados a sus países de origen.
HISTORIAS CRUELES
Sergio Pérez García estaba perdiendo la vista. A los miembros del Consejo de Familia les entregaron las recetas para que se les compraran los medicamentos y en la farmacia comprobaron que les habían pedido medicamentos para la piel. Hay un caso de un reo de Bluefields a quien le dicen “El Boxeador” y, según Guillén, “está loco” por el encierro.
En una semana se ha hablado de un reo de origen hondureño que intentó suicidarse con una pastilla de curar frijoles, fue dado por muerto, pero sobrevivió y está internado en el Hospital Psiquiátrico bajo custodia. Así como de otro que el viernes se cortó la yugular y se hizo heridas de consideración en el rostro debido al estrés carcelario, pues los funcionarios los ignoran cuando dicen que están enfermos.
En dos ocasiones LA PRENSA buscó alguna reacción del procurador de Cárceles y coordinador del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, Álvaro Osorio, pero se informó que no estaba en su oficina.
“Nosotros no sabemos por qué copiar modelos que no son necesarios en nuestro país y que no resuelven nada (…), violan la ley porque toda la legislación dice que el objetivo de la pena es provocar el cambio de conducta y dice que el sistema penal no es castigativo, sino reeducativo”. Pablo Cuevas, abogado de la CPDH.
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