En los puestos autorizados para venta de pólvora ha pasado el tiempo y con él el colorido de las cajas de juegos pirotécnicos que, agrupadas ordenadamente en los estantes, se ha transformado en tramos cerrados o en proceso de desmantelamiento.
El año da sus primeras luces mientras la pólvora se apaga, aunque los puestos pueden permanecer abiertos hasta el 7 de enero.
Marlon Mejía, que tiene diez años vendiendo pólvora, sigue en su puesto en las cercanías del mercado de Mayoreo, aunque no se observan compradores.
“Comenzamos a finales de noviembre y vimos que las ventas estaban un poco bajitas por la economía, la gente pensaba más en la comida, tal vez en los estrenos, pero gracias al Señor el 7 (de diciembre) estuvo más o menos, un poquito más bajo que el año pasado, pero el 24 (de diciembre) la gente se desbordó, en la mañana estuvo bajita (la venta), pero ya después de mediodía, después de las 5:00 de la tarde comenzaron a venir las personas a comprar”, rememoró Mejía.
De acuerdo con él, el 31 de diciembre fue la mejor fecha para el comercio de pirotecnia y los clientes principalmente “compraban para niños, cargas cerradas y cohetes”.
Al otro lado de la carretera había más establecimientos cerrados que del lado donde se ubica el de Mejía, a lo que él comentó que los comerciantes del sector de enfrente eran originarios de León “y el 31 (de diciembre) comenzaron a desarmar su tramo y ya están en su casa”.
“ESPERAMOS QUE VENGAN A PAGAR LOS CRÉDITOS”
En el Paseo Tiscapa la situación era similar. Los anaqueles lucían vacíos y los comerciantes hacían cuentas concentrados, mientras los muchachos botaban grandes pedazos de cartón que en algún momento fueron cajas llenas de fuegos artificiales.
“Pasamos nuestras expectativas y lo más importante fue que gracias a Dios no hubo ningún incidente que nos pudiera haber afectado”, dijo Yamileth Mercado, con 20 años de experiencia en el comercio de pólvora. Y, al preguntarle sobre los mejores días del negocio, afirmó que “después del 12 de diciembre se mueve más fuerte todo”.
Mercado, una mujer menuda y blanca, observaba a uno de sus vendedores haciendo contabilidad con una señora, mientras otro limpiaba el lugar. “Ahorita lo que se está haciendo es ordenando lo poco que quedó y ya se comienza a desarmar. Lo que esperamos es que las personas vengan a pagar los créditos (porque) nosotros le damos crédito quizá a unas 50 personas a nivel nacional”, concluyó.
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