Los amigos de Felipe Urrutia y el economista Roberto Incer Barquero lamentaron este fin de semana la muerte de ambos personajes nicaragüenses. El primero hizo grandes aportes culturales a través de la recopilación de música folclórica en el norte del país, mientras que Incer Barquero destacó por su contribución a la economía del país y su desempeño como presidente del Banco Central de Nicaragua.
Maestro de las polkas
Felipe Urrutia era conocido como el principal recopilador de música nicaragüense. Fue un gran platicón, su mayor amante fue la guitarra y destacó como picaflor. “Llegó a tener 12 hijos, 73 nietos, 90 bisnietos y 15 tataranietos”, señaló Rosario Murillo, vocera del Gobierno, ayer por la tarde, cuando expresó sus condolencias.
“Don Felipe es un ícono, un símbolo que enorgullece a Estelí” destacó el alcalde de ese departamento, Francisco Valenzuela, quien agregó que en vida le hicieron los homenajes que se mereció este hombre que tanto aporte hizo a la cultura nicaragüense en lo referente a la música de esta región.
Valenzuela dijo que a don Felipe se le construyó una casita digna donde vivió sus últimos años frente al viejo rancho. Soñó con que llegara la energía eléctrica a su comunidad y se le hizo realidad, al igual que la reparación del camino de acceso, expresó el alcalde.
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Según un perfil publicado en 2006 por la revista Magazine, “el sino musical de Felipe Urrutia vino con un trago de guaro”. “Cuando cumplió 13 años, su padre Daniel Urrutia Ferrufino supo que no tenía remedio. El mocoso se paseaba por las fiestas tocando violín y guitarra, y alegrándole la vida a los bolos que le daban a cambio sus primeros tragos para que siguiera. Fueron aquellas fiestas inolvidables las que fueron forjando la leyenda del viejo cara de palo”, que a lo largo de su vida recopiló más de cien canciones en el norte del país, a pesar de que no llegó al segundo grado de primaria.
“Yo me inicié de puro gusto”, afirmaba. Y entre carcajadas roncas y la perenne tos seca que le dejó el cigarrillo, contaba su truco para aprenderse las canciones: “Me las aprendí a punto de chiflidos”.
En 2006 se sumió en la depresión tras la muerte de su esposa, doña Juana Aráuz, la horma de su zapato. “Yo no sé por qué he vivido tanto”, se quejaba mientras se sobaba la barriga.
Don Felipe decía que solo tenía tres canciones que eran suyas. Del resto afirmaba que solo eran recopilaciones y de ninguna reclamó autoría. No le gustaba el reguetón, pues decía que era “música mariguanera”.
Don Felipe murió la noche de este viernes a los 96 años de edad. Este domingo Estelí lo despedirá con una misa de cuerpo presente y una hora después será enterrado en el cementerio local.
Legado a la economía
Carlos Tünnermann fue amigo de juventud de Roberto Incer Barquero. Cuenta que estudiaron juntos en la secundaria y también en la universidad cuando ambos cursaron la carrera de Derecho por cinco años.
Según Tünnermann, como estudiante Incer Barquero siempre estaba entre los primeros puestos del cuadro de honor y destacaba por sus buenas calificaciones. Años después de que se graduaran de abogados en León, el entonces encargado de la fundación del Banco Central, Francisco Laínez, envió una carta pidiendo un candidato para estudiar economía en Estados Unidos.
Para entonces, Incer Barquero estaba decepcionado de la profesión de abogado, relata Tünnermann, pues le tocaba hacer escrituras de compras de cerdos o propiedades, que no era lo que él esperaba.
Así fue como en tiempos de Luis Somoza Debayle, se seleccionó a Incer Barquero, uno de los mejores graduados de la facultad de Derecho, para estudiar fuera.
A comienzos de los años sesenta, regresó a trabajar con el doctor Laínez en el departamento de Análisis de Estudios del Banco Central, donde se realizaban los informes de coyuntura económica del país. “Eran los mejores informes económicos”, afirma Tünnermann, y señala que su amigo “fue un gran presidente del Banco Central y fundó la Biblioteca que lleva su nombre, que es la mejor biblioteca del país”.
Incer Barquero salió de Nicaragua tras el triunfo de la revolución popular en el año 79 y se trasladó a vivir a Washington, relata su hermano, Armando Incer Barquero.
Fue allá donde murió la mañana de este sábado, a los 81 años de edad. Según su hermano podría ser sepultado en Estados Unidos, pues ahí están sus hijos, esposa y nietos. “Era un hombre con una formación muy culta, muy cristiano, muy ético y muy decente”, lo describe.
En Washington había logrado trabajar con el Banco Mundial durante varios años y una de las últimas veces que vino a Nicaragua fue para un homenaje que le realizó el doctor Ernesto Fernández Holmann, para su cumpleaños número 80.
Así fueron las vidas de estos personajes que fallecieron pero dejaron un legado de cultura, honradez y, sobre todo, de pasión por eso en lo que creían.
(Con colaboración de Roberto Mora)
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