Latinoamérica termina un año marcada por un intenso calendario electoral en el que siete países renovaron o mantuvieron a sus presidentes, y en el que los proyectos regionales continuaron pese a las diferencias y no se vislumbra aún a un líder regional, como en su momento lo fue Hugo Chávez.
Hoy por hoy, los países de Latinoamérica definen sus agendas en términos económicos, los bloques regionales creados por afinidades políticas, como la Alba, la Unasur y la Celac, se consolidan y la Alianza del Pacífico gana adeptos.
Según el analista Rodrigo Leal, esto demuestra que “la región ya superó la ausencia de (Hugo) Chávez y la política regional continúa desde la óptica de los nuevos liderazgos, que pese a no contar con el peso de Chávez, en conjunto han mantenido una tranquilidad en la región, sin grandes roces diplomáticos”.
Ahora, la dinámica regional tiende a centrarse en lo que le afecta en conjunto al continente, como ocurrió en la reciente reunión de la Alianza Para los Pueblos de América (Alba) para buscar una respuesta común a la pandemia del ébola, como también lo hizo la Unasur.
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La carrera electoral empezó en Centroamérica, donde El Salvador, Costa Rica y Panamá renovaron a sus mandatarios, contrario a lo que pasó en Suramérica, donde Colombia, Bolivia y Brasil apostaron por la reelección, mientras que en Uruguay ganó un expresidente del partido oficialista.
Sin grandes sorpresas, los electores latinoamericanos optaron, en su mayoría, por la izquierda o centro izquierda. En Costa Rica triunfó Luis Guillermo Solís; en El Salvador, Salvador Sánchez Cerén; en Bolivia, Evo Morales; en Brasil, Dilma Rousseff y en Uruguay, Tabaré Vázquez, mientras que la derecha se impuso solo en Colombia con Juan Manuel Santos y en Panamá con Juan Carlos Varela.
Al igual que la política interna, la exterior también tuvo un papel importante, pero mucho menor a años anteriores, cuando estaban en consolidación proyectos regionales como la Alba y la Celac liderados por el presidente venezolano Hugo Chávez (q.e.p.d.).
Con una clara disminución de los conflictos regionales, que para analistas se debió al calendario regional y a factores externos a la región como la crisis en Europa, el terrorismo y la pandemia del ébola, entre otros, Latinoamérica sigue su marcha y sin un consenso sobre un líder regional, que hasta el momento parece no necesitar.
“La región pasó este año por dos factores importantes, uno las elecciones, y dos la consolidación de otros proyectos regionales como la Alianza del Pacífico, que sin ser un contrapeso a otros de origen político, ha demostrado que no se necesita de un líder regional para que un grupo de países se agrupe con un fin común para el desarrollo de sus economías”, explica el analista Rodrigo Leal.
Las demandas sociales, la polarización política y el desarrollo de las naciones siguen siendo muy importantes en la conformación y en la distribución del poder y el manejo que se le da a los recursos, como se demostró en el actual panorama electoral, en el que cada país eligió según sus necesidades y no influenciados por líderes regionales como en otros tiempos.
“Chávez fue sin duda en un momento de la historia de Latinoamérica de mucha influencia en la región, gozaba de un gran carisma y de un gran rechazo, su opinión era tenida en cuenta por el electorado fuera de su país, se podría decir que algunos mandatarios le deben su elección a él. Sin embargo, tras su muerte las cosas cambiaron y ninguno demostró tener su poderío y hasta ahora no se ha demostrado que se necesite de otro caudillo regional, dice Leal.
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