Los departamentos de Policía de las grandes ciudades y líderes sindicalistas en Estados Unidos están advirtiendo a los agentes que vistan chalecos antibalas y eviten hacer comentarios difamatorios en medios sociales después de que el sábado Ismaaiyl Brinsley mató a los policías Rafael Ramos y Wenjian Liu, en Nueva York, como represalia por la muerte de Eric Garner y Michael Brown.
Este asesinato intensificó los temores sobre la seguridad de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley en todo el país, aunque no hay evidencias de que alguna amenaza sea inminente.
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Christopher Manney, un policía blanco que el 30 de abril mató en Milwaukee a Dontre Hamilton, un hombre negro desarmado, quien recibió 14 disparos, no será imputado por delito alguno, informó la Fiscalía.
Este es el tercer caso, en menos de un mes, de un agente blanco contra el que no se formulan cargos por la muerte de un ciudadano negro desarmado en Estados Unidos, un asunto que ha desatado numerosas protestas en ciudades de todo el país.
En un informe divulgado ayer, el fiscal del Distrito del Condado de Milwaukee, John Chisholm, indicó que Manney despedido del Cuerpo en octubre, no por el tiroteo, sino por incumplir las reglas del departamento policial actuó en defensa propia cuando disparó contra Hamilton.
Según todas las pruebas y análisis presentados en este informe, he llegado a la conclusión de que el uso de la fuerza del agente Manney en este incidente fue en defensa propia justificada, explicó el fiscal. En función de esa versión de los hechos, Chisholm no vio un argumento razonable con el que acusar al agente Manney de un crimen.
La familia de Hamilton ha pedido que se formulen cargos con el agente, al igual que las manifestaciones en Milwaukee.
Manney disparó 14 veces contra Hamilton, de 31 años, durante un suceso que empezó cuando empleados de una cafetería llamaron a la Policía quejándose de que la víctima dormía en un parque del centro de la ciudad. Un par de agentes comprobaron sobre el terreno los hechos y concluyeron que Hamilton no suponía ninguna amenaza, según una investigación interna de la Policía.
Días después del tiroteo, la Policía alegó que el fallecido sufría problemas mentales, mientras su familia afirmó que recibía tratamiento por esquizofrenia, pero que no era violento.
La muerte de Hamilton precedió a las de otros dos ciudadanos negros a manos de policías blancos: Eric Garner, en Nueva York, en julio, y Michael Brown, en Ferguson (Missouri), en agosto. Los sucesos desataron una oleada de manifestaciones en todo el país contra la violencia racial de las fuerzas de seguridad.
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