[doap_box title=»Llamado a unirse» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]Los obispos animan a “todas las entidades religiosas, sociales y de servicio humanitario a unirse en este esfuerzo por fortalecer, defender y capacitar a las familias para ayudarla a ser lo que Dios quiere que sean”.
“Todos tenemos una inherente dignidad, sin importar edad, sexo, situación económica, estado de salud, grado de formación o cualquier otro distintivo”, dicen los obispos que instan a la comunidad a respetar los derechos de las otras personas.[/doap_box]
Los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), en su Carta Pastoral dirigida a las familias, consideran necesario actualizar algunas de las formas y los contenidos de algunos procesos educativos: la cultura, la educación, la salud y otros.
También proponen la elaboración de políticas familiares que respeten sus derechos y su autonomía, basado en un cuidadoso análisis político, social y económico de la vida familiar.
Las directrices no pueden considerarse solamente desde un punto de vista económico, sino que deben tender al desarrollo integral de la persona, de la familia y de la sociedad. Es particularmente indispensable reorientar y aprovechar el uso de la tecnología para la propagación del reino de Dios, señalan los obispos.
Para los jerarcas de la Iglesia católica de Nicaragua los protagonistas deben ser personas éticas con claros valores morales que garanticen el respeto de la dignidad de las personas, en el marco de un humanismo que nos permita repensar el verdadero y correcto rumbo y sentido de la vida.
Al indicar que es un deber evangelizar a la familia, los obispos urgen el reforzamiento de las consejerías matrimoniales, familiares, juveniles y de la niñez, para consolidar los valores cristianos como base y fundamento de la unidad familiar, logrando formar mejores ciudadanos que construyan un sociedad justa basada en el amor a Cristo por su Iglesia.
Los obispos animan a todas las entidades religiosas, sociales y de servicio humanitario a unirse en este esfuerzo por fortalecer, defender y capacitar a las familias para ayudarla a ser lo que Dios quiere que sean. Todos tenemos una inherente dignidad, sin importar edad, sexo, situación económica, estado de salud, grado de formación o cualquier otro distintivo, dicen los obispos que instan a la comunidad a respetar los derechos de las otras personas.
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