Los derechos humanos

El próximo 10 de diciembre de este año 2014 se conmemora el 66 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el 10 de diciembre de 1948.

El próximo 10 de diciembre de este año 2014 se conmemora el 66 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el 10 de diciembre de 1948.

La Declaración aprobada por la ONU en esa fecha, respondía, principalmente, a la necesidad de establecer un referente moral y jurídico de respeto a los valores y principios del ser humano, brutalmente violentados por el nazi fascismo, el estalinismo, y los horrores producidos a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, que sometió a la humanidad a una cruel realidad, en un momento en el que se suponía haber alcanzado los más altos niveles en materia del adelanto científico y técnico y del conocimiento de las disciplinas humanísticas y filosóficas.

Actualmente, aunque no se vive una conflagración como la que azotó a la humanidad en las dos guerras mundiales del siglo XX, el mundo, no obstante, enfrenta una profunda crisis que obliga a replantearse la necesidad cada vez más apremiante del fortalecimiento y desarrollo de los Derechos Humanos, como filosofía moral y régimen jurídico universal, que constituya la plataforma de valores y principios y de normas internacionales, en un contrato social planetario, que a la vez que consolide los alcances de la Declaración y de los demás instrumentos internacionales sobre la materia, considere también los aspectos más críticos del mundo actual, que destruyen la condición humana y la identidad moral de la persona.

No es posible presentar una caracterización lo suficientemente comprensiva de la situación mundial que se vive y padece hoy; sin embargo, es necesario presentar, al menos en forma general, algunos de los ejes principales que actúan como causa y circunstancia de la profunda crisis que se sufre en la actualidad.

Desde las últimas décadas del siglo XX, el mundo contemporáneo se ha venido caracterizando por la combinación de múltiples factores, entre ellos, el renacer de los extremismos y la nueva configuración de la economía mundial.

En este último aspecto, la economía mundial, llamada hoy posmoderna, tiende a la globalización mediante la acción de empresas transnacionales que generan la forma denominada capitalismo corporativo transnacional, todo ello en detrimento de otros modelos, como son las economías nacionales, la soberanía y el Estado-nación, para mencionar unos pocos ejemplos.

Una de las formas en que se hace presente el rostro de la violencia se da en los procesos excluyentes de globalización, que atentan contra la identidad de las culturas diferentes a las culturas dominantes.

El derecho a la identidad cultural es un derecho humano fundamental. El derecho a la diferencia es garantía para que el género humano pueda preservar la riqueza espiritual que confiere la pluralidad de culturas.

En el momento actual, pensamos, seis ejes principales configuran la crisis en sus aspectos más profundos. Esto no quiere decir que no hallan otros, sino que, a nuestro juicio, son los núcleos principales en los que los agobiantes problemas del presente se producen y desarrollan. Además hay que señalar también que su referencia en forma individual no significa que actúen de manera aislada, pues entre ellos se produce, o puede producirse, una destructora interacción.

Entre estos ejes críticos mencionaríamos: el fanatismo fundamentalista, que ha llegado al extremo de filmar las decapitaciones sobre personas inocentes, con lo que quieren reafirmar como mensaje, su brutal extremismo e intolerancia ante cualquier expresión que no coincida con sus puntos de vista.

La narcoactividad que ha penetrado en mayor o menor grado las diferentes estructuras sociales, económicas, políticas y estatales, introduciendo una inseguridad general en la vida individual y colectiva.

La violencia, en sus diferentes formas: la que se ejerce contra la mujer que evidencia de manera cada vez más grotesca la tradicional discriminación de que ha sido objeto; la violencia intrafamiliar; el tráfico de personas, principalmente de adolescentes, entre las expresiones más repudiables de ese siniestro catálogo.

La destrucción sistemática del medioambiente, en parte producida por acciones ligadas a la actividad económica y productiva, que está llevando al desgaste ecológico, con todos sus efectos negativos, como el del cambio climático que se padece actualmente.

La actuación del capitalismo financiero especulativo que ha acentuado la corrupción en la búsqueda de utilidades, ganancias y beneficios, sin importar los medios utilizados para conseguirlos. Es la adopción en el mundo financiero, del principio de Maquiavelo aplicado al campo de la política y el poder: el fin justifica los medios.

Finalmente habría que mencionar el mundo tecnológico y cibernético en el que se mueve la humanidad de nuestros días. A la par del reconocimiento a esta revolución sin precedentes en la historia de la humanidad y del significado que tienen los logros del genio e ingenio humanos, se debe considerar lo que podría ser negativo en su utilización y aplicación, en la medida en que no haya una definición ética de sus finalidades, principios y valores, y en consecuencia de su utilización, la que, practicada en forma indiscriminada, podría llevar a la sustitución del sujeto por los objetos tecnológicos, olvidándose así, que el ser humano es el fin y el destinatario de todo proceso histórico, social, científico y técnico.

Por todo ello, el tema de los Derechos Humanos, originarios y aquellos que deben enfrentar las situaciones actuales, es fundamental y absolutamente necesario.

Los Derechos Humanos deben descansar en una ética integral, acorde a los problemas y contradicciones de cada tiempo. Esa filosofía debe preservar y perfeccionar los alcances ya obtenidos a través del reconocimiento de los derechos civiles y políticos y de los derechos económicos, sociales y culturales, consagrados en los instrumentos internacionales y en las constituciones y leyes de la mayoría de los países del mundo.

Junto a estos ejes críticos que hemos mencionado y que caracterizan el mundo contemporáneo, hay que referirse, una vez más, al problema del poder político, característico de ayer, pero también de hoy. Es innegable la necesidad de proteger al ser humano contra los abusos del Estado y del poder y de mejorar los mecanismos nacionales e internacionales. El ser humano, como tal, tiene derecho a la vida, a la integridad, a la dignidad y a la libertad, cualquiera que sea su situación socioeconómica, política o ideológica y cualquiera el país donde se encuentre. Este es un principio universal y genérico.

Debe lucharse para que prevalezca la fuerza de la razón contra la razón de la fuerza; la democracia, el Estado de Derecho, la supremacía de la Constitución y las garantías fundamentales en ella consagradas, contra el autoritarismo que sumerge en la cerrada oscuridad de las cavernas políticas.

Es en este sentido pleno que podemos decir que los Derechos Humanos son la base integral de la democracia y del humanismo contemporáneo, como razón ética y filosofía moral de nuestro tiempo, y como expresión de la existencia de un derecho universal.

El autor es jurista y filósofo nicaragüense.

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COMENTARIOS

  1. fernando
    Hace 11 años

    No podría estar más de acuerdo con la invitación del autor a «replantearnos» la declaración universal de derechos humanos de 1948. Más bien, habría que re-redactarla en su totalidad, porque la que está vigente, no reconoce el derecho al trabajo, la educación, el desarrollo, al sustento, al albergue, la salud, etc. Se la cita todo el tiempo, en particular por las oligarquías de países que practican el genocidio cotidianamente contra la humanidad y el planeta en que vivimos.

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