Quiero que quiera: el síndrome de la gata angora

Ya saben que no me gusta ser una traidora de mi género, pero desgraciadamente todavía no he escuchado a un hombre decirme: “Lo hace, pero yo quiero que QUIERA hacerlo”, solo a mujeres.

Ya saben que no me gusta ser una traidora de mi género, pero desgraciadamente todavía no he escuchado a un hombre decirme: “Lo hace, pero yo quiero que QUIERA hacerlo”, solo a mujeres.

Este sinsentido interfiere mucho en que las personas consigan lo que quieren. La persona que pidió no se permite recibir porque el que da, según su percepción, no QUIERE (muere por) dar. La persona que va a dar, que quiera o no ya se decidió a dar, es rechazado y además, hecho sentir culpable y muy probablemente involucrado en una pelea.

Todo esto surge de algunas creencias incorrectas:

Que las personas solo deberían hacer lo que quieren: las personas hacen lo que tengan que hacer para conseguir lo que quieren. Lo otro es solo dejarse llevar por impulsos, como los animales.

Que si me quiere ha de querer hacerlo: como que el amor fuera magia o metamorfosis. Una cosa no precisamente tiene que ver con la otra.

¿Y cómo yo? Pensar que la otra persona es igual a mí (solo en lo que me conviene) es un error. Necesito entender que puede/hace/quiere diferente a mí y no por eso es una mala persona.

Para poder evitar los sinsabores y las insatisfacciones que genera esta actitud, hemos de:

*Practicar la gratitud: si alguien hace algo por nosotros, hemos de ser agradecidos. Más aún si la persona está dispuesta a hacer a pesar de no tener ganas o de que si no estuviera con nosotros no lo haría, hay que agradecer todavía más.

Es una ingratitud no aceptar un gesto solo porque percibimos que la otra persona no quiere hacerlo.

*Estar clara de lo que quiero: si digo que quiere algo y cuando me lo van a dar digo que en realidad lo que quiero es que la otra persona quiera y por eso no estoy dispuesta a aceptarlo, entonces no lo quiero en realidad y tengo que ir a pensar en la fuente verdadera de mi insatisfacción.

*Entender que la necesitada soy yo y, por tanto, no puedo andarme con orgullos baratos. La otra persona al final sale librada de hacer lo que no quería y la que más sale perdiendo soy yo misma.

Aplicando estas recomendaciones podemos relajarnos y aprender a recibir lo que nos dan con más gusto.

 

* Terapeuta sexual y de parejas

Nosotras hombres mujeres archivo

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