Para cualquier encargo, el taller Divino Niño se localiza del colegio Maestro Gabriel dos cuadras arriba. El número celular de José Talavera es 83843357
El taller Doña Coco se halla de los semáforos de La Perfecta, cinco cuadras al lago, media cuadra abajo y 25 varas arriba. Los teléfonos son: 22400421 y 88328677. [/doap_box]
El patio es el alma del taller Divino Niño. Allí se amoldan, lijan y desconchan decenas de vírgenes blancas de yeso que luego son trasladadas a la parte central, un galillo estrecho que da a una calle del populoso barrio Larreynaga.
El área central es depósito y a la vez taller de pintura y exhibición de las imágenes de santos en diversos tamaños y colores. Sobresale un Divino Niño enorme entre pequeñas réplicas de Purísimas y un pequeño tope de los santos de Carazo: San Marcos, San Sebastián y Santiago.
El taller de imágenes Divino Niño se anuncia fácil. En la acera está puesta una hilera de Purísimas sin pintar. Ese es el anzuelo para promover su venta, reconoce Talavera.
Una tarde de estas “pasaron preguntando todo el día cuánto valen las Purísimas”, pero ninguna fue comprada, explica José.
“Tal vez con el paguito se compone esto”, comenta Teresa, la mamá de José, quien se sienta detrás de una mesa donde hay una muestra de imágenes ya pintadas.
Como casi todas las Purísimas, las de José tienen el pelo largo, crespo suelto y oscuro. “Hay gente que me pide a veces que se lo haga más castañito”, comenta José sonriente.
Por lo general, José pinta con spray. Es más rápido y fija mejor el color en el yeso, sin embargo, una tarde de estas le toca pintar con brocha delgada porque se ha ido la luz. No se pueden atrasar más. Todo el año, fabrica vírgenes para un par de tiendas de los mercados especializadas en imágenes, pero ahora es temporada alta y la demanda crece. En este taller prevén vender, por lo bajo, unas mil imágenes que varían de precio según los tamaños.
Hay desde 100 córdobas hasta 2,500 córdobas. La que está pintando, José la colorea de abajo hacia arriba: primero la base, los ángeles, ahora va por el manto azul.
En el patio están Jenny, Elda y otros dos muchachos, hermana y sobrinos de José. Todos han sido enseñados por él, quien antes aprendió el oficio de escultor de imágenes de unos tíos y de doña Teresa, su mamá.
“Yo les enseñé a ellos. Yo aprendí en el taller de Miguel Reyes”, dice Teresa con la certeza de que Reyes es una referencia en ese mundo de los artesanos de santos de yeso.
En esta época, además de la Purísima se venden grandes y pequeñas réplicas de la Virgen de Guadalupe y del Niño Dios.
En el taller Doña Coco trabajan cuatro artesanos: dos hijas, una hija y una nieta de Danelia Arauz, quien fundó el taller junto a su marido, Esteban Membreño.
Doña Danelia dice que comenzaron fabricando adornos como fruteros, cabezas de toros y otros animales que han perdido demanda. “Ya no se venden como antes, la gente ahora prefiere las cosas chinas porque dicen que el yeso se casca”, comenta Danelia, también conocida como “Doña Coco”.
En este taller los precios oscilan entre los 50 córdobas y los 8,000 córdobas, que es el precio de una réplica de la Purísima enorme, que mide aproximadamente metro y medio.
Aunque gran parte de los santos se hacen con yeso, en este taller también usan resina y fibra de vidrio para tallar algunas imágenes, y por eso el precio es un poco más alto que en los talleres donde solo se trabaja con yeso.
“Es más difícil trabajar con resina porque es más dura. Hay que usan pulidora. El yeso es más suave”, dice Danelia quien este año ha estado un poco enferma y ha dejado la hechura de los santos en manos de sus hijos.
El taller Doña Coco también tiene clientes que le compran piezas todo el año.
“Después de las Purísimas, hacemos Cristos, recordatorios, se rellenan las tiendas con otras cosas”, comenta doña Danelia, Uno de sus clientes es la tienda de imágenes que funciona donde era el Múnich.
RESTAURACIONES
Otra parte del quehacer de los talleres son las restauraciones de imágenes. En el taller de José hay una virgen sin cabeza. Se cayó y se le quebró. José tiene la cabeza de yeso sobre la mesa.
José explica que el costo de la reparación va en dependencia de lo que se haga y del tamaño de la imagen.
A veces, las imágenes se decoloran y nada más necesitan un retoque de pintura.
Doña Danelia dice que desde octubre empezó a llegar gente con imágenes para restaurar, lo que considera un buen augurio para las ventas de este año.
Aunque este año Danelia cree que está “algo rogada la venta”, espera que sea buena. Hasta ahora, tiene encargadas seis Purísimas “de las grandes”.
Talavera también tiene sus encargos. Además, de los fijos que le han hecho las tiendas, algunas empresas se están acercando para cotizar precios de
Purísimas para repartir durante la novena o el 7 de diciembre día de la Gritería.
Pedro Denis, uno de los sobrinos de José, está sentado en la acera pintando en azul los mantos de varias imágenes que tiene a un lado.
A la par, está otro primo pintando un adorno de ángeles enormes.
En el taller de Danelia Arauz no siempre las Purísimas se venden. Algunas se quedan en el taller y se regalan durante la celebración del novenario.
Doña Danelia heredó la devoción por esta celebración católica de su madre, quien falleció hace tres años. “Ahora la celebro yo”, aclara la propietaria del taller y dice que al final del rezo rifa un par de Purísimas.


