
LA PRENSA/L.E. MARTÍNEZ
Nada saben los familiares de los hombres apresados la semana recién pasada en Bilwas Central, al oeste de Mulukukú, en un operativo militar y policial contra presuntos miembros de una agrupación que, según la Policía, se dedica al abigeato, cultivo y tráfico de marihuana.
Hombres con uniformes pintos y encapuchados allanaron la madrugada del martes recién pasado la casa hacienda de El Tobobal, una finca ganadera perteneciente al excomandante de la antigua Resistencia Nicaragüense, Juan Ernesto Lumbí Hernández.
Ahí fueron detenidos cuatro trabajadores, incluyendo a Francisco Hukler Olivas y al hijo de este, Óscar Hukler Oporta. Sin embargo, este último, quien es adolescente, fue liberado poco después.
Pero, cerca de las 8:00 a.m. del mismo día, tres hombres vestidos de militar llegaron a la casa de Hukler, a una hora de camino desde la casa hacienda de El Tobobal, donde allanaron y detuvieron al también adolescente Arsenio Hukler Oporta, comentó angustiada Gilma Oporta Dávila, esposa de Hukler y madre de los adolescentes.
ADVERTENCIA
Rosalío Olivas Talavera, padre de Olivas Polanco, tampoco sabe del paradero de su hijo, quien además de trabajar en la huerta familiar tiene empleo ocasional en El Tobobal. “Solo sé que lo tenían una gente armada, él se vino el martes y me vine ese mismo día para avisarle que la mamá está grave, más muerta que viva, pero no me dejaron entrar ni hablar con él… que me digan por qué me tienen a este hombre ahí, como padre quisiera saber cuál es el motivo”, expresó Olivas Talavera. [/doap_box]
“Cuando se llevaron a mi hijo (Arsenio) dijeron que si llamábamos al Ejército o la Policía que ya no los volveríamos a ver, que cuidadito llamábamos a la
Policía y hasta el teléfono se llevaron, un reloj y 800 pesos (córdobas) que andaba mi hijo, todo alborotaron buscando más reales en la casa, pero no tenemos reales”, relató Oporta Dávila, a quien provocó mayor temor la extraña advertencia militar, por las experiencias que antes tuvo con los secuestros de su padre y dos hermanos.
Por el rescate de su padre, Belarmino Oporta Jirón, la familia tuvo que pagar 7,500 córdobas, al final de la década de los noventa. Tiempo después, pagaron 15,000 córdobas por el rescate de Dagnel Oporta, a quien “hace 16 años lo volvieron a secuestrar y pedían 200,000 córdobas, nos dijeron que si llamábamos al Ejército o la Policía lo iban a asesinar y como se dieron cuenta, ahí no más lo asesinaron”.
La misma advertencia escuchó Oporta Dávila, cuando cerca de 2002 secuestraron a su otro hermano, Aquiles, por cuyo rescate exigieron medio millón de córdobas.
“No sé por qué ahorita dijeron eso (que no avisaran a las autoridades) si aquí dicen que el Ejército los tiene (detenidos)”, dice la mujer, refiriéndose a su esposo e hijo, agregando: “Quiero darme cuenta de ellos, no me han dicho nada y no sabemos a dónde los tienen”.