El crecimiento de la economía china ha descansado en unos formidables niveles de inversión que han permitido expandir la capacidad productiva a tasas sin precedentes. Sin embargo el crecimiento del ingreso disponible y el consumo de los hogares se han mantenido rezagados con respecto al rápido crecimiento de la capacidad productiva.
Esto generó un excedente de producción con respecto a la capacidad de consumo de los hogares que hasta la crisis global de 2008-2009 fue absorbido, sin mayores sobresaltos, por la creciente demanda de Estados Unidos y Europa por productos fabricados en China.
El propio gasto de inversión absorbió una fracción apreciable de la producción excedente. En consecuencia, la capacidad productiva que más se expandió fue aquella orientada a la producción de bienes manufacturados con destino a la exportación y la de bienes que constituyen insumos del proceso inversionista.
Pero la historia cambió a raíz de la crisis financiera de 2008-09. Para contrarrestar la caída de la demanda externa provocada por la crisis, el gobierno impulsó un ambicioso paquete de estímulo de la demanda interna orientado a impulsar de manera masiva la inversión en infraestructura y la construcción inmobiliaria.
Como resultado, la inversión creció con más fuerza todavía, pasando de representar un 43 por ciento del PIB en 2008 a casi el 50 por ciento de este en 2013.
Este paquete de estímulo estaba supuesto a ser temporal, pero después de la crisis la demanda externa ha permanecido débil y el consumo de los hogares continuó rezagado, de manera que sostener una elevada tasa de inversión se convirtió en la única manera de lograr las metas de crecimiento económico establecidas por el Gobierno.
Sin embargo, mantener la tasa de inversión a niveles excepcionalmente altos ha significado una masiva acumulación de deudas de las empresas y gobiernos locales vinculados al boom de la inversión inmobiliaria, el cual se estaría comenzado a “desinflar” con la caída en el precio de los bienes raíces.
Finalmente, las autoridades se han visto en la necesidad de contener la espiral de endeudamiento y frenar el crecimiento de la inversión, lo cual ha impactado negativamente a los sectores más vinculados al auge inversionista —construcción, acero, aluminio, energía, equipo de transporte—, que en su conjunto representan casi un tercio del PIB.
El enfriamiento de la construcción residencial y la exacerbada sobre-capacidad en los sectores mencionados está ocasionando una acentuada desaceleración de la economía, sin que el crecimiento del consumo o las exportaciones se muestren capaces de contrarrestar el debilitad o crecimiento de la inversión.
En este contexto, para evitar el riesgo de una desaceleración demasiado rápida, que impida alcanzar las metas de crecimiento económico indicativas, el gobierno ha recurrido a la implementación de los que ha denominado “paquetes de estímulo selectivo”.
En tal sentido, resultan de especial interés los argumentos de la reseña publicada en chino sobre la suscripción del “acuerdo de cooperación estratégica” entre HKND y Gezhouba Energy Construction Group.
Allí se sugiere que la construcción del Canal Interoceánico por Nicaragua equivaldría a una suerte de paquete de estímulo selectivo que ayudaría a las grandes empresas estatales involucradas en la construcción, a aliviar sus severos problemas de sobrecapacidad, morigerando la desaceleración de la economía china, y a conquistar nuevas áreas de expansión.
Esto subraya el interés que podría promover la participación de estas grandes empresas, algunas de ellas vinculadas al Ejército, y que en general tienen una gran capacidad de lobby e influencia sobre diversas esferas del Estado y el sistema político chinos y enfatiza un argumento que parece orientado a persuadir a las autoridades de la propia China sobre el “interés nacional” que tendría esta obra.
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