“Todos soñamos todas las noches, aunque algunas personas no lo recuerden”, afirma Diego García-Borreguero, doctor en Neurología y Psiquiatría y director del Instituto de Investigaciones del Sueño.
El especialista explica que los sueños y, por lo tanto las pesadillas, se producen durante la fase REM (movimientos oculares rápidos, por sus siglas en inglés), una fase del sueño en la que se da una activación de la corteza cerebral y, a la vez, una paralización del aparato locomotor.
A lo largo de la noche, el sueño REM se va alternando con las distintas fases de sueño denominado no REM o de ondas lentas. Durante este tipo de sueño, la actividad cerebral es menor y no existe paralización del aparato locomotor, por lo que es posible moverse.
El sueño no REM, según indica el doctor, es más frecuente al principio de la noche, mientras que más tarde los periodos de sueño REM se hacen más extensos. Por eso lo más habitual es tener pesadillas en los dos últimos tercios de la noche.
“Las pesadillas son sueños cargados de ansiedad. Así, un sueño podría ser ir paseando en bicicleta junto a la orilla de un río. Pero si en el transcurso de ese paseo, del río surge un monstruo que nos persigue y nos intenta atrapar, hablamos de una pesadilla”, detalla García-Borreguero.
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“La prevalencia de pesadillas es similar en los niños y en las niñas hasta la pubertad. A partir de entre los 13 y los 16 años, las pesadillas disminuyen drásticamente en los chicos, pero en las chicas descienden más lentamente”.
Diego García
-Borreguero, psiquiatra.
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TERROR NOCTURNO
“El nivel de actividad mental en la pesadilla es importante y el contenido es claro, lúcido y sofisticado”, señala el neurólogo.
“De este modo, quien tiene una pesadilla y se despierta conserva un recuerdo detallado de lo que estaba soñando. Esto no ocurre entre quienes padecen terrores nocturnos, una parasomnia relacionada con el sistema de alertamiento. Las personas con terror nocturno gritan y presentan grandes signos de agitación. Pero esta reacción no se da en respuesta a un contenido mental determinado”, indica el especialista.
“Intentar despertar a alguien que está sufriendo un terror nocturno es difícil, pues no suelen responder a estímulos externos. Muchas veces se vuelven a dormir, pero si se despiertan y se les pregunta qué estaba ocurriendo, no lo van a poder describir, pues no hay recuerdo”, aclara el doctor García-Borreguero.
El experto precisa que a lo largo de la noche todos tenemos despertares que duran unos segundos y que, por lo general, no recordamos. Durante esos microdespertares, el modo de funcionamiento del cerebro pasa de sueño a vigilia.
“La prevalencia de pesadillas es similar en los niños y en las niñas hasta la pubertad. A partir de entre los 13 y los 16 años, las pesadillas disminuyen drásticamente en los chicos, pero en las chicas descienden más lentamente”. Diego García-Borreguero, psiquiatra.
La causa
Respecto a las causas que pueden producir pesadillas en los adultos, se debe a episodios de estrés, traumas, enfermedades mentales previas y a la toma de ciertos medicamentos. En este sentido el doctor Diego García-Borreguero afirma que ciertos fármacos antidepresivos propician un incremento de las pesadillas.
¡Despierta!
Los trastornos del alertamiento que se presentan con mucha agitación son terrores nocturnos. Si la agitación es moderada, se trata de un despertar confesional y, si el nivel de agitación es bajo, hablamos de sonambulismo. Esto ocurre durante el sueño no REM, por lo que lo más frecuente es que estas manifestaciones se den al principio de la noche.
Cero terror
Para evitar la aparición de pesadillas es muy importante mantener una buena higiene del sueño, pues si dormimos menos tiempo del que necesitamos, el porcentaje de sueño REM va a ser mayor. Tratar de evitar las películas de miedo antes de irse a dormir también va a ayudar y si vemos una escena de frustración tratar de relajarnos y controlarnos.
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