Como cualquier parte de nuestro cuerpo, la mala alimentación y el estrés juegan en contra del aspecto y la salud de nuestras uñas, en especial cuando se ven expuestas a los cambios climáticos y a que les demos una que otra mordida de vez en cuando. Por eso, si tienen una tonalidad azulada o rojiza es porque la circulación no está fluyendo adecuadamente.
En ese caso hay que realizar masajes circulares detrás de ellas y en su contorno durante cinco minutos al día. Si las uñas son débiles o quebradizas es recomendable evitar el esmalte y ponerles un aceite enriquecido con colágeno y queratina.
Y en caso que sean ásperas y queremos mejorar su textura hay que aumentar la cantidad de vitamina A y derivados de la vitamina B en nuestras comidas. Se les puede aplicar aceites también.
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