Se buscan desaparecidos

Lastenia de los Ángeles Rivas Membreño, de 12 años, salió de su casa en El Rodeo el martes 18 de febrero y hasta hoy no ha regresado. Eran más o menos las 11:00 de la mañana cuando Lastenia tomó el bolso en el que cabía una pana con comida y salió rumbo al Mercado Oriental. Le dijo a una tía que iba a llevarle la comida a su mamá, quien vendía ropa interior para niños.

Amalia Morales

Lastenia de los Ángeles Rivas Membreño, de 12 años, salió de su casa en El Rodeo el martes 18 de febrero y hasta hoy no ha regresado. Eran más o menos las 11:00 de la mañana cuando Lastenia tomó el bolso en el que cabía una pana con comida y salió rumbo al Mercado Oriental. Le dijo a una tía que iba a llevarle la comida a su mamá, quien vendía ropa interior para niños.

Lastenia vestía una falda gris, una blusa floreada y sandalias. Tenía 12 años cuando desapareció. En ausencia cumplió 13 años a comienzos de agosto.

Meyling Membreño, la mamá, reconstruye ese último día que vieron a su hija, desde la casa. Está en un cuarto enorme de madera, dividido en tres ambientes por telas, que está al fondo de un terreno donde viven varias familias, todos parientes. Meyling dice que una de esas casas es de su cuñada, quien vio irse a Lastenia esa mañana de febrero diciendo que le llevaba comida. Nadie la revisó para saber si en efecto llevaba comida en ese bolsito que le colgaba durante el recorrido de las cuatro cuadras, mitad de tierra y mitad de adoquines, que hay hasta la parada.

Horas después algunos vecinos confirmaron que la vieron en la parada y que se subió a un bus. Es el último rastro que hay de la menor ese 18 de febrero.

“Ese día yo no estaba en el mercado, fui a una entrevista de trabajo y vine temprano, a las 2:00 de la tarde y mi sorpresa fue que no la encontré”, explica Meyling sentada alrededor de una mesa que está adornada con un ramo de flores plásticas.

Enseguida, Meyling le preguntó a su cuñada por “la niña” y esta le contestó: “Se fue a dejarte comida al mercado”.

Hacia las dos de la tarde, Meyling llamó a su suegra al mercado y le preguntó si “la niña había llegado”, le dijo que no. “Qué raro”, pensó Meyling quien luego se fue adonde su abuela, quien vive en el sector de Armando Guido. “Vos sabés que ella no viene sola”, le contestó la abuela a Meyling. “Pues búsquela, vaya búsquela”, la instó la abuela.

A las 5:00 de la tarde, sin tener noticias del paradero de Lastenia, Meyling se fue a la estación VI de Policía, en La Subasta, y denunció su desaparición.

[doap_box title=»Los cuerpos que nadie reclama» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]Es el último lugar al que se va. Son pocos los familiares angustiados que en su periplo de búsqueda pasan por el Instituto de Medicinal Legal (IML), la morgue más grande del país, donde caben hasta treinta cadáveres. Néstor Membreño, responsable de Patología del IML, dice que reciben cadáveres de desconocidos. Algunos son llevados por la Policía, y se trata de cuerpos que recogen en las calles, otros son cuerpos abandonados en hospitales de Managua y departamentales. Una vez que ingresan a IML los fotografían y los engavetan en el área de “hotelería” como le llaman a las gavetas de la morgue. Después de un tiempo, que pueden ser dos o tres semanas, los cuerpos son enterrados en una fosa común. Membreño dice que hace poco enterraron seis cuerpos en Ciudad Sandino, tres de ellos procedentes de los departamentos. No llegó nadie a reclamarlos. A veces, al tiempo de haberlos enterrado llegan parientes a reclamarlos. Recuerda el caso de un ciudadano español, quien se había suicidado en León, y sus familiares vinieron. Hubo que exhumar el cadáver. Recuerda otra vez el caso de una osamenta que fue exhumada. Se trataba de un muchacho quien había fallecido durante un ritual en Granada. Su mamá llegó a reclamar su cuerpo. La exhumación tiene un costo que es asumido por los parientes, explica Membreño y detalla que el servicio de morgue y entierro para el IML tiene un costo aproximado de cien dólares.

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PARA LA IGLESIA

Meses después, a la misma estación policial se presentó el pastor evangélico Pedro José González para reportar la desaparición de su esposa Emma Lisseth Aragón, de 34 años.

Pedro dice que el sábado 23 de agosto su esposa salió temprano de la casa hacia la iglesia. Un trayecto corto: del barrio Américas 2, donde vive con González y sus tres hijos varones, y Villa Dignidad, que implicaba tomar dos buses y una caponera.

Dos cuadras extensas caminó Emma hasta la avenida principal de las Américas 2, donde tomó el primer transporte que la llevaría a la iglesia. En ese trayecto, se detuvo en una de las pulperías e hizo una recarga a su tarjeta TUC (Transporte Urbano Colectivo). Igual que a Lastenia, alguien la vio, por última vez, abordando el bus.

Pedro González se había quedado en la casa, pero iría más tarde. Estaba acostado. Esa mañana había hecho un traslado en su taxi a las 6:00 y decidió descansar un rato antes de irse a la iglesia.

Emma se fue primero. Había quedado con la hermana Margarita en llegar temprano para limpiar la iglesia. Salió vestida con una falda larga azulona y una camisa amarilla a rayas. Siempre calzaba sandalias. Pedro dice que faltando diez minutos para las 9:00 de la mañana la llamó al celular, pero no contestó. Lo intentó varias veces por media hora más, luego el teléfono se apagó.

Hasta hoy, 49 días después, Pedro no ha vuelto a escuchar la voz de Emma, la mujer con la que ha procreado tres muchachos y a la que conoció 11 años atrás en una zona franca.

“No hombre vos sos tonto. Para qué la andás buscando. Eso es que se fue con algún hermano de la iglesia. ¿Ya miraste si falta algún hermano?”, recuerda Pedro que le dijo el policía de la Estación VI que lo atendió. “No, no falta ninguno”, contestó Tras la burla policial, Pedro se imaginó que no harían mucho por hallar a su esposa.

No obstante, el pastor ha ido todos los días a preguntar si saben algo de Emma y también fue a muchos medios televisivos y escritos. Dice que aunque nunca fue a Radio Ya, en esa emisora también han reportado a su esposa y han hecho mofa de su caso.

CHAVALAS SE VAN

Mientras no se establece un delito, los casos de desaparecidos en la Policía son clasificados en el renglón de desaparecidos. Ervin Maltez, jefe de Secretaría del Distrito II, dice que regularmente reciben entre siete y ocho denuncias de desapariciones por mes.

En el último trimestre (julio, agosto y septiembre) han recibido 16 denuncias de desapariciones. Maltez dice que es bajo en comparación con otros trimestres.

De ese número de desapariciones, Maltez explica que siete fueron reportados como aparecidos y que la mayoría de los desaparecidos son mujeres menores de 16 años.

El maltrato familiar y la manipulación de alguien mayor, casi siempre un hombre que convence y obliga a las adolescentes a abandonar su hogar —esto último constituye un delito— expone a muchas menores a embarazos precoces, explica el inspector Maltez.

[doap_box title=»2,288″ box_color=»#336699″ class=»aside-box»]denuncias por cada 100,000 habitantes registró la Policía en su anuario estadístico de 2012. En el “bolsón” de las denuncias son incluidas las personas desaparecidas. Policías del Distrito II explicaron que la búsqueda se hace desde el momento en que el familiar lo reporta.[/doap_box]

Hace dos semanas en Matagalpa desaparecieron tres adolescentes: dos de 12 años y una de 11. Las niñas fueron localizadas cuatro días después donde el pariente de una de ellas en Managua. Las menores habían estado en San Juan del Sur. Roberto Luna, abuelo de una de ellas, dice que las niñas están bastante bien, han vuelto a clases, pero aún están yendo donde una psicóloga. Todavía no sabe bien por qué abandonaron la escuela y a las familias sin avisar y cómo fueron a un lugar, bastante lejano de su casa, donde no conocían.

Entre los desaparecidos, también hay personas con alguna discapacidad, enfermos mentales. Maltez dice que a veces los llaman del Hospital Psiquiátrico reportando la desaparición de algún enfermo que fue abandonado por los familiares en ese centro asistencial.

Son pocos los hombres que desaparecen, pero ocurren algunos casos y muchas veces la causa de desaparición es porque tienen una nueva pareja, explica el inspector.

Una característica de estas denuncias es que se reporta muy poco la aparición, quizá en uno de cada cinco casos, los familiares avisan a la Policía.

Manuel Antonio Morales desapareció el martes 30 de septiembre en el sector del Mercado Roberto Huembes y apareció el sábado 4 de octubre en el sector del kilómetro 27 en El Crucero.

Sus familiares afligidos fueron al Distrito II para denunciar la desaparición, a hospitales y empapelaron paradas de buses con una pequeña ficha en la que colocaron sus datos básicos.

“Pedíamos permiso hasta en los súper”, dice su sobrina Mayling Morales y refiere que participaron varios familiares, quienes se dividieron los lugares de búsqueda.

“Hasta a la morgue fuimos”, dice Mayling . También pasaron por los canales de televisión como el 4, 8 y 10 donde hay espacios en los noticieros para reportar a los desaparecidos. “La familia es bien grande y estuvo unida”, aclara Morales, quien sintió un gran alivio la tarde en que lo hallaron en el sector de El Crucero.

Según Morales su tío fue asaltado y abandonado en ese sector. Desde que apareció ha estado hermético y no quiere hablar con nadie. La sobrina dice que al día siguiente fueron a la Policía para avisar que había aparecido.

“Son pocos los que lo hacen”, dice Ervin Maltez.

[doap_box title=»Aparecidos» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]Luego de cinco días o de tres semanas algunas personas que estaban reportadas como desaparecidas por sus parientes dieron señales de vida. Una de ellas fue una joven de Diriamba, estudiante de la Normal, quien desapareció a comienzos de marzo. Una prima que participó en la búsqueda contó que su prima apareció en Matagalpa. Aparentemente fue secuestrada por un militar y retenida contra su voluntad durante varias semanas. Después de que regresó los familiares denunciaron a su captor. Los papás de la muchacha cambiaron teléfonos y han estado muy herméticos con amigos y familiares. Nada fue igual después de esa experiencia, refirió la pariente, quien solicitó el anonimato para no tener problemas con sus parientes. La desaparición rompió la rutina de la joven que iba de su casa a su centro de estudios y quien sostenía una relación sentimental con un muchacho.[/doap_box]
¿NEGLIGENCIA?

Desde que Lastenia comenzó a aparecer en los medios, Meyling, su mamá, ha recibido llamadas con pistas falsas. Hay gente que la llama y le dice que le pongan una recarga para darle detalles. Una de las llamadas le dio una dirección en Tipitapa donde se suponía que habían visto a la menor. Meyling acudió a la Policía de Tipitapa con la dirección anotada. Le dijeron que era nula, que eso no existía. Ella se plantó en que la apoyaran y los policías la trataron de prepotente. “Yo creo que ellos tienen el deber de ayudarme a buscar, para eso están”, dice Meyling, quien también se queja de negligencia y abandono de la Estación VI.

Después de ir varios días a esa estación policial y recibir la misma respuesta: que no había nada, el pastor Pedro González fue a la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) a quejarse de la actuación policial.

En la PDDH le extendieron una resolución , el pasado 10 de septiembre, en la que solicitan a la Policía que rinda informe de la investigación en la desaparición de su esposa.

El pastor dice que después de esa protesta ha habido seguimiento al caso. Esta semana le dijeron que ya ubicaron a su esposa y que solo esperan una orden de allanamiento para capturar a las personas que están en la vivienda, incluida a su esposa. “Es para saber si está allí por su voluntad y si está a la fuerza”, dice Pedro González, quien ha cambiado su rutina en los últimos cincuenta días.

Pasa más tiempo en su casa con los niños. “Ellos lloran, me preguntan por ella”, dice Pedro, a quien también se le aguan los ojos durante la entrevista. “El vecindario se ha quedado extrañado por lo ocurrido porque ella era muy pendiente de sus hijos”, recuerda Pedro, quien ha revisado los distintos momentos que vivió con Emma. “Y yo siempre creí que estaba todo bien. Tan solo dos días antes habíamos ido de paseo a Xilonem con los niños”, cuenta Pedro.

Meyling tampoco encuentra explicaciones para la desaparición de Lastenia. “Era una niña muy callada, muy buena, estaba lista para empezar la escuela. Ya tenía su mochila, sus cuadernos”, dice Meyling quien no ha vuelto a trabajar. “Esto me ha puesto muy enferma”, dice la mamá.

La ausencia de la menor también ha golpeado a sus hermanos menores de 8 y 4 años. “Ella los bañaba, los cuidaba y preguntan por su mimi, que dónde está”, dice Meyling y revela que después de reportar su desaparición en los canales de televisión recibió varias llamadas de la menor.

“Mamá estoy bien, deje de buscarme”, le dijo una de las veces que la llamó. “Me puse a llamar y le pasé el teléfono a mi cuñada y le dijo lo mismo: ‘Dígale a mi mamá que no me busque, que estoy bien’. ‘¿Dónde estás? ¿Con quién estás?’”, le preguntaron, pero la llamada se acabó. Marcaron al teléfono pero la llamada se fue a buzón. Ese episodio se repitió con otros teléfonos desde los cuales llamó. Meyling dice que la última vez que supo de su pequeña, a la que recordó mucho en agosto por sus 13 años, fue el Día de las Madres.

“Mama la quiero mucho, perdóneme” , fueron algunas palabras suyas. La llamada de nuevo se cortó y fue inútil devolver la llamada. “Ahora es muy fácil comprar un chip”, razona la mamá, quien dejó de trabajar en el mercado porque no iba a poder con los recuerdos. “Ella se estaba conmigo en el tramo y me pedía que le comprara una pizza de veinte pesos, eso le gustaba”, recuerda.

Meyling teme que su hija esté secuestrada. “A ella le gustaba ver la Rosa de Guadalupe y allí miraba historias de niños y muchachas que son engañadas”, dice Meyling. A veces peleaba con los hermanos menores que querían ver muñecos. Esta tarde, la tele está encendida, pasan el Chavo del 8. Los hermanos miran como autómatas, les falta Lastenia para pelear.

Ver en la versión impresa las páginas: 6 A

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