En la columna de la semana pasada mencioné que mi buen amigo leonés, doctor en Derecho Iván de Jesús Pereira, me había enviado un artículo publicado en un periódico español sobre los emperadores romanos de origen hispánico. Artículo que aproveché para la columna de la semana pasada titulada Los emperadores buenos y Numancia.
Pero el doctor Iván de Jesús también me regaló una fotocopia de un extraordinario ensayo sobre Julio César del eminente escritor nicaragüense Salomón de la Selva (1893-1959). Este ensayo fue publicado después de la muerte de De la Selva por la Editorial Universitaria de la UNAN de León, en 1971, en la Colección Ensayo que dirigía el poeta, ensayista e intelectual universitario Ernesto Gutiérrez también ya desaparecido (1929-1988).
Según me comentó el doctor Pereira la edición del ensayo de Salomón de la Selva sobre Julio César, que incluyó otro ensayo del mismo autor nicaragüense sobre Alexander Hamilton (1755-1804), uno de los Padres Fundadores de Estados Unidos, fue de solo 800 ejemplares y no se volvió a editar. Algo lamentable porque a mi juicio es una obra literaria excepcional del gran poeta y escritor nicaragüense, no solo un análisis ilustrado e ilustrativo de la trayectoria militar y político de Julio César, sino también un admirable estudio y definición del perfil del tirano. Y estuvimos de acuerdo en que este ensayo debería ser reeditado y servir como material de estudio en las aulas universitarias de Derecho y de Ciencias Políticas; y sobre todo lo deberían estudiar los políticos, particularmente los líderes o quienes aspiran a liderar sus partidos y facciones políticas.
Los tiranos son personas que se tienen o deben tenerse en muy alta estima, escribe Salomón de la Selva. Y hablando específicamente a Julio César asegura que este “jamás hubiera alcanzado las cimas del poder desde las que señoreó a Roma si no hubiese tenido, para comenzar, tan alta idea de sí mismo en tal forma basada y la consecuente confianza en su capacidad innata para los mayores logros”. De la Selva se refiere al célebre discurso pronunciado por Julio César en los funerales de su tía Julia, en el cual se vanagloria de su estirpe que procede de los dioses griegos Afrodita y Ares (el dios de la guerra que los romanos llamaban Marte) y del héroe troyano Eneas.
“Quien no tiene una irreductible seguridad propia, fracasará ineludiblemente si se mete a tirano. No basta la ambición, así sea esta esencia de voluntad, ni bastan las oportunidades propicias que se presenten; la fe es necesaria”, advierte Salomón de la Selva.
“El tirano debe ser primero que todo demagogo”, asegura el escritor nicaragüense al señalar que Julio César se puso a la cabeza de la plebe “ajustándose al orden de cosas en la formación de los tiranos”.
Y agrega De la Selva que “todo aspirante a tirano debe tener presente de continuo: que en política todo es incierto, todo es precario, todo se mueve en vaivén y en zozobra perenne, lo que sorprende y anonada solo a los tontos”.
Advierte además Salomón de la Selva en su magnífico Ensayo sobre Julio César, que “Maquiavelo, hace cuatro siglos, se equivocó cuando dijo que el Príncipe, esto es, el tirano, no necesita poseer las cualidades de misericordioso, humano, religioso, recto, bastándole aparentar tenerlas, con la habilidad, llegado el caso, de mostrarse todo lo contrario. No es así. El tirano que lo sea a perfección, aparentará, según su conveniencia, las cualidades de dureza, inmisericordia, crueldad, sin darles cabida permanente en su corazón. César no era sanguinario. No necesita serlo un tirano talentoso”.
Agrega nuestro agudo ensayista que “el aspirante a tirano que ambicionase santidad estaría perdido, pero mucho de santo ha de tener para no verter sangre en la que ahogarse él mismo”. Inclusive, dice De la Selva, si mientras adquiere el poder el tirano puede y aun debe labrarse fama de terrible, “no le es dado, sin embargo, extremarse en esto; y cuando ya el poder está en sus manos, nada le conviene más que crearse y merecer renombre de clemente”.
¡Qué bien conocía Salomón de la Selva la naturaleza de los tiranos! Pero también tenía muy claro cómo se les debía enfrentar y derrotar. Y de eso habla también en su Ensayo sobre Julio César que, repito, alguna editorial debería volver a publicar y todas aquellas personas a quienes les repugna la tiranía y desprecian al tirano deberían leer e incluso estudiar para aprender como rechazarlo, combatirlo y librarse de él.