La fórmula de Evo

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Este domingo 12 de octubre habrá elección presidencial en Bolivia, en la cual se da por seguro que el presidente populista de izquierda Evo Morales será reelecto por abrumadora mayoría.

Evo Morales tiene hasta un 60 por ciento de intención de voto de los ciudadanos, según las encuestas, en tanto que su principal competidor, el líder democrático Samuel Doria Medina, cuenta apenas con 17 por ciento y en un lejano tercer lugar se ubica el expresidente y también demócrata Jorge Quiroga, con solo el 6 por ciento de la preferencia de los electores bolivianos.

Sin embargo Evo Morales no se satisface con esa amplia ventaja y ha declarado que su objetivo es imponerse con las tres cuartas partes de los votos, exactamente con el 74 por ciento, según dijo en una entrevista al periodista internacionalista Andrés Oppenheimer. Al parecer Evo Morales quiere superar a los demás gobernantes izquierdistas que hay en América Latina que han sido elegidos o se han impuesto (en algún caso hasta por medio del fraude, como Daniel Ortega en Nicaragua) con el 60 por ciento o un poco más de los sufragios.

Las elecciones que se realizan en Bolivia bajo el régimen de Evo Morales y su partido Movimiento al Socialismo, no son justas, libres y transparentes, debido al control político que ejerce el presidente boliviano sobre el Tribunal Supremo Electoral; y por el ventajismo de usar para su campaña electoral todos los recursos del Estado, mientras que se imponen restricciones de toda clase a las campañas de los partidos y candidatos de la oposición.

Sin embargo es innegable que Evo Morales tiene el apoyo de la mayoría de la población y de los electores de Bolivia. Para lograrlo le ha servido mucho haber tomado distancia de los sistemas de los gobiernos izquierdistas más radicales, de Cuba y Venezuela, al mismo tiempo que mantiene con ellos una comunión ideológica plena y coincidencia total en sus políticas internacionales, sobre todo en lo que se refiere a la obsesión de atacar a Estados Unidos y Europa por cualquier motivo.

Sin renunciar a sus fines de establecer en Bolivia una sociedad socialista de orientación marxista con un raro componente indigenista, Evo Morales no se da prisa, ha dejado a un lado sus iniciales actitudes radicales y las ha sustituido con una manera pragmática y oportunista de gobernar, lo cual le ha reportado magníficos resultados.

Para satisfacción de Daniel Ortega que le ha dado el ejemplo, Evo Morales cambió su estrategia de enfrentar radicalmente a la empresa privada y sectores intermedios de la sociedad boliviana (lo que condujo al país a situaciones de extrema violencia e incluso a la amenaza de secesión del oriente del país), por un mecanismo de diálogo permanente con la cúpula empresarial que atiende el vicepresidente de la República, quien se reúne con ella hasta dos veces por semana. “El empresario que diga ahora que no está ganando plata miente. El país ha alcanzado una estabilidad económica impresionante”, declaró un empresario agropecuario que no hace mucho era un enconado opositor al gobierno de Evo Morales.

Además, amplios sectores populares se sienten satisfechos con los programas sociales y las dádivas clientelistas de Evo Morales, lo que explica su alta popularidad política y su, por ahora, invencibilidad electoral.

Editorial Bolivia Evo Morales archivo
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