La importancia de los TPL

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El vencimiento a fines de este año del beneficio de los TPL para la industria textil de zona franca en Nicaragua es sin duda un problema de importancia nacional.

Los TPL (sigla en inglés de Nivel de Preferencia Arancelaria), fueron una concesión para beneficio exclusivo de Nicaragua, por un período de diez años, establecida en el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, el cual es mejor conocido como DR-Cafta.

Gracias a los TPL las empresas textiles instaladas en las zonas francas de Nicaragua han podido vender en Estados Unidos —con preferencia arancelaria especial— una enorme cantidad de prendas de vestir elaboradas con materia prima que no es originaria de los países que forman parte del DR-Cafta. Este privilegio se le concedió a Nicaragua considerando que debido a la revolución y la guerra de los años ochenta no pudo desarrollar su industria textil, la cual se quedó rezagada en relación con los demás países que acordaron el tratado regional de libre comercio.

Pero el privilegio de los TPL se estableció solo para mientras Nicaragua se ponía al nivel de los demás países centroamericanos, para lo cual se estimó que diez años eran más que suficientes. De manera que la vigencia de los TPL terminará en diciembre próximo y a partir de enero del próximo año ya no habrá ese beneficio arancelario estadounidense para Nicaragua.

Esto significa que las empresas textiles que a lo largo de los últimos años han aprovechado los TPL, dejarán de obtener sus beneficios y tendrán que cerrar o reducir drásticamente sus operaciones. Lo cual reducirá sensiblemente las exportaciones nicaragüenses de zona franca pero sobre todo provocará la pérdida de miles de empleos, que según las diversas fuentes podrían perjudicar a alrededor de 20 mil trabajadores.

Por eso es que el gobierno, las empresas textiles de zona franca y las cámaras empresariales están apelando al gobierno de Estados Unidos, particularmente al Congreso, para que el beneficio de los TPL sea prorrogado. Pero en Estados Unidos hay muy poca apertura a esa petición, porque Nicaragua no hizo la tarea, o sea que no aprovechó los diez años de beneficio arancelario de los TPL para desarrollar su industria textil y equipararse con los demás países centroamericanos, como fue el compromiso que asumió a cambio de que se le otorgara ese exclusivo privilegio en el marco del tratado DRCafta.

Además, en vez de asumir la responsabilidad por su incumplimiento el Gobierno de Daniel Ortega trata de echar la culpa a los Estados Unidos, pues según declaró el asesor económico presidencial, Bayardo Arce, a un boletín nicaragüense de noticias, “entre esos diez años (de TPL), perdimos tres, porque cuando se dio la crisis financiera e inmobiliaria de 2008, 2009 y 2010, a nosotros se nos cayó la producción textil por culpa de ellos”.

Pero la verdad es que el Gobierno no hizo lo que tenía que hacer para aprovechar debidamente el privilegio de los TPL, es decir, para desarrollar la industria textil de Nicaragua y ponerla a la altura de los demás países socios en el DR-Cafta. Y con pretextos y argumentos como los de Bayardo Arce, que son más bien acusaciones contra Estados Unidos motivadas por una obsesión patológica antiyanqui que el orteguismo no ha podido superar, no se puede esperar que se consiga la extensión de los TPL.

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