Elecciones limpias, pero en Brasil

Más de 142 millones de ciudadanos de Brasil saldrán mañana domingo 5 de octubre a votar para elegir al próximo presidente de ese país suramericano, el más extenso y poblado de América del Sur. Y elegirán también a los gobernadores de los Estados, diputados y senadores federales y legisladores estatales.

Todas esas elecciones son importantes para los brasileños, sin duda, pero la principal es la de presidente que disputan once candidatos, de los cuales solo tres tienen posibilidad de ganar. De acuerdo con las encuestas, la candidata que conseguirá la mayor votación es la actual presidenta, Dilma Rousseff, de filiación política socialista, quien aspira a la reelección y a mantener en el poder a su Partido de los Trabajadores que lo ha ejercido ya durante doce años: ocho en los dos períodos de Lula da Silva y los cuatro del actual mandato de Rousseff.

Los otros dos candidatos principales en la elección presidencial brasileña de mañana son la ecologista Marina Silva, también socialista pero disidente del Partido de los Trabajadores, quien fuera ministra de Medio Ambiente en el gobierno de Lula da Silva; y el socialdemócrata Aécio Neves. Sin embargo, según adelantan las mismas encuestas ninguno de los tres alcanzará más de la mitad de los votos que se requiere para ganar la elección presidencial. De manera que será necesaria una segunda vuelta, el próximo 26 de octubre, entre los dos candidatos que resulten más votados en los comicios de mañana.

Dicen los observadores que esta campaña electoral ha sido la más sucia —o una de las más cochinas— de la historia política brasileña. La lucha política ha sido feroz, sobre todo entre las campañas de las dos mujeres, Rousseff y Silva, que han intercambiado fuertes agresiones verbales y descalificaciones fundadas en verdades, medias verdades, manipulaciones y mentiras descaradas. Sin embargo, los ciudadanos brasileños tienen la garantía y la certeza de que la suciedad de la campaña electoral no ensuciará con un fraude las votaciones de mañana.

En Brasil las elecciones son organizadas con sentido de justicia. El Tribunal Superior Electoral es parte del Poder Judicial y sus siete miembros, llamados ministros, son escogidos por sus cualidades profesionales y personales al margen de criterios e intereses partidistas. Tres de los ministros electorales son magistrados del Supremo Tribunal Federal, escogidos mediante voto secreto; dos son integrantes del Tribunal Superior de Justicia y también escogidos en votación secreta; y a los otros dos los selecciona el presidente de la República de entre seis abogados propuestos por el Supremo Tribunal Electoral, los cuales deben ser personas “de notable saber jurídico e idoneidad moral”, pero de verdad, no de mentira como se escoge en Nicaragua a este tipo de funcionarios públicos.

De manera que en Brasil nadie teme que en las votaciones de mañana o en la segunda vuelta dentro de tres semanas pudiera haber fraude electoral. Independientemente de que el gobierno de Brasil y de que quien gane las elecciones sea de izquierda o de derecha, las elecciones son libres y limpias. Algo que lamentablemente no se puede decir ni esperar de las elecciones que se hacen en Nicaragua bajo el régimen de Daniel Ortega, montadas por su abominable Consejo Supremo Electoral.

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Editorial Brasil elecciones archivo

COMENTARIOS

  1. camilo conrado
    Hace 12 años

    Para los «opositores» nicaragüenses solo hay un escenario en el que ellos no gritarían fraude después de un período electoral: si ellos ganaran esas elecciones.
    No son capaces de reunir cuatro gatos en una plaza, pero juran que tienen al pueblo entero con ellos. En realidad están desesperados por volver al pasado en el que los puestos políticos eran su modus vivendi. ¡Son parásitos profesionales que sueñan con volver a ejercer!

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