Jeniffer Castillo Bermúdez
William Walker llegó a la Hacienda San Jacinto el 14 de septiembre de 1856. Ese día, durante un enfrentamiento entre nicaragüenses y filibusteros, Andrés Castro le lanzó una piedra, le dio en la cabeza y lo mató. Así ocurrió la Batalla de San Jacinto para algunos alumnos quienes, por la temporada de Fiestas Patrias, visitan el museo de la hacienda.
Las razones de esta batalla no están en la memoria de Jeffry Palacios, del colegio Flor de Pino, en el Memorial Sandino. Él solo sabe que “Andrés Castro con una piedra le dio a William Walker y él es uno de los (héroes) más resaltados en la Hacienda San Jacinto”, dice.
Por su parte, Junior Josué Flores, de primer año del colegio La Salle, en Diriamba, cuenta que “vinieron los filibusteros a atacar (la hacienda) y Andrés Castro atacó a uno con una piedra, a William Walker, pero no se sabe qué pasó después con William Walker”.
Sin embargo, admite Méndez, la mayoría de los estudiantes llega a jugar futbol, ajedrez, cuerda o corren por todo el patio de la hacienda.
Otros suben el cerro para, quizás, recordar que desde ese lugar, Faustino Salmerón observó en 1856 a los filibusteros que se dirigían a la hacienda y posteriormente corrió para avisar a los soldados nicaragüenses y que estos se pusieran en posición de ataque.
Las municiones con las que atacaron los nicaragüenses llegaron en mula el 13 de septiembre. Dos días antes, llegaron los sesenta indios flecheros de Matagalpa, cuya participación fue fundamental para la victoria nicaragüense.
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A eso de las 12:00 del mediodía, cuando Humberto Rivera, uno de los guías del Museo Hacienda San Jacinto se va a comer, su voz está gruesa y luce cansado. Lleva tres horas contando a los estudiantes qué pasó en ese lugar que reúne a tres mil estudiantes por día durante las dos primeras semanas de septiembre.
Algunos, cuenta Rivera, llegan a responder las guías que asignan sus maestros y que tienen alguna calificación en la clase de Formación Cívica o Historia. Pero otros, aunque no saben lo que ocurrió en la Hacienda, se dedican a jugar futbol o a corretear por los predios de la hacienda.
De hecho, Hilda Suárez Rocha, estudiante de cuarto grado del colegio Israel, de Las Maderas, en Tipitapa, estuvo corriendo con sus compañeras de clases y en una de esas corridas pasó por el preciso lugar donde Andrés Castro lanzó la piedra al filibustero. Pero ella no se dio cuenta porque “a los alumnos no les interesa la historia”, lamenta el profesor de Matemáticas, Merari López.
Esta falta de interés, reconoce Carla Méndez, coordinadora del Museo Hacienda San Jacinto, lleva a los estudiantes a desconocer que —entre otras cosas— William Walker nunca pisó la hacienda ganadera donde 160 nicaragüenses lucharon contra trescientos filibusteros y que este murió en Trujillo, Honduras.
Tampoco saben que la estrategia del general José Dolores Estrada de mandar a soltar a los caballos que estaban en el cerro de la hacienda hizo que los filibusteros salieran en desbandada porque creían que los nicaragüenses estaban recibiendo más refuerzos.
“La juventud de hoy está más enmarcada en la tecnología. Ellos creen que es un paseo y lo que queremos es que conozcan. Nosotros debemos inculcarles el amor a la patria, pero es difícil luchar con eso porque incluso el 14 de septiembre ya ni quieren marchar”, dice el profesor José Guillermo Molina, del colegio La Salle, en Diriamba.
Ese día, el 14 de septiembre, los alumnos salen a las calles para marchar en conmemoración de la Batalla de San Jacinto. Unos lo hacen con patriotismo, pero otros marchan sin saber que este año se cumplen 158 años del intento que hizo William Walker de apoderarse de las 1,500 manzanas de tierra de la hacienda ganadera de San Jacinto, que eran propiedad de Miguel Bolaños.
Ese día, Walker envió por segunda vez a sus filibusteros comandados por Byron Cole para apoderarse de la hacienda y el ganado con el que pretendían asegurar víveres para los filibusteros asentados en Granada y donde también buscaban crear una base militar.
El 14 de septiembre de 1856 “antes de rayar el alba, se me presentó el enemigo”, escribió el general Estrada en el Parte oficial del combate en San Jacinto. El enemigo no era William Walker, eran sus filibusteros. Él nunca llegó a la hacienda. Cuatro años más tarde, el 12 de septiembre de 1860, Walker fue acribillado en Trujillo, Honduras.
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