La contabilidad del crecimiento económico

La teoría económica canónica enseña que el crecimiento económico, dada una función de producción del tipo Cobb-Douglas, puede contabilizarse midiendo la contribución del crecimiento de los factores productivos (asumiendo que la productividad marginal de estos es igual a su participación en el producto), y de la denominada “productividad total de los factores” (TPF).

Adolfo Acevedo Vogl *

La teoría económica canónica enseña que el crecimiento económico, dada una función de producción del tipo Cobb-Douglas, puede contabilizarse midiendo la contribución del crecimiento de los factores productivos (asumiendo que la productividad marginal de estos es igual a su participación en el producto), y de la denominada “productividad total de los factores” (TPF).

El crecimiento de la economía se asemeja entonces a un globo en expansión: mientras más factores se “insuflen” a la economía, el globo se expandirá proporcionalmente a su contribución. El aporte de la TPF se mide como un residuo: si el balón se infla más que lo que explicaría la contribución del crecimiento de los factores, se dice que el crecimiento de la TPF es positivo, si se infla menos, se dice que es negativo. Al margen de los numerosos problemas teóricos y prácticos relacionados con esta manera de “contabilizar” el crecimiento, esta aproximación tiene otro problema cardinal: debido a su carácter altamente agregado, no permite apreciar el papel de los cambios en la estructura sectorial de la producción y el empleo. Pero la evidencia muestra el papel fundamental que desempeña la diversificación acelerada de la estructura productiva y exportadora, a través de la implantación de nuevas actividades que representan una verdadera innovación para las economías en que se impulsan.

Desde esta perspectiva, el proceso de desarrollo involucra un esfuerzo de diversificación de la estructura productiva, desde una basada en las ventajas comparativas ricardianas, fundada en la especialización en actividades cuya “competitividad” está anclada en el bajo costo de los factores, hacia una sustentada en ventajas comparativas dinámicas, fundada en la diversificación hacia actividades de mayor complejidad tecnológica, que busca la competitividad sistémica. En las fases iniciales de este proceso adquiere una relevancia de primer orden la transformación productiva de la agricultura.

En los países desarrollados la productividad de la agricultura es extremadamente alta y el porcentaje de la fuerza de trabajo ocupada en la agricultura sumamente reducido, mientras en los países menos desarrollados la productividad en la agricultura es muy baja y el porcentaje de fuerza de trabajo ocupada en la agricultura es muy alto. Esto implica que una primera fuente de crecimiento de la productividad del trabajo en países como el nuestro debe consistir en el rápido y fuerte incremento de la productividad del trabajo agrícola. Pero esto significará que un volumen mucho mayor de producto agropecuario será generado por una fracción cada vez menor de la fuerza de trabajo.

Esto nos lleva a una segunda fuente fundamental de incremento sostenido de la productividad: la acelerada diversificación del aparato productivo y el traslado de la fuerza de trabajo hacia nuevas actividades de creciente complejidad tecnológica.

La manera de producir un incremento sostenido de la productividad a tasas muy altas, durante varias décadas consecutivas, no pasa por promover fases de auge y desaceleración —peor aún de auge y depresión—, mediante el impulso de grandes proyectos de gran intensidad en capital y con limitados encadenamientos intersectoriales. Aunque en la fase de construcción pueden producir un auge temporal, por tratarse de actividades altamente intensivas en capital generan muy poco empleo en la fase de operación. Dado que la productividad media de la economía es una media ponderada, las actividades de poco peso en el empleo tienen un impacto limitado en el incremento de la productividad media.

Por otra parte, estos proyectos se comportan como enclaves y, debido a sus escasos encadenamientos, no logran arrastrar al resto de sectores, ni generar las complementariedades y sinergias que dan origen al tipo de externalidades positivas que dan origen a los rendimientos crecientes dinámicos y son la fuente de la competitividad sistémica.

(*) Economista

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