Amalia Morales
Desde hace dos años Carlos Archibold, propietario de un hotel en Little Corn Island, le ha declarado la guerra al plástico. En lugar de vender agua en botella a los turistas ha puesto un bidón con agua y vasos para que los clientes se sirvan. Y si alguien quiere refrescos embotellados, él se los vende pero en envases de vidrio.
Una vez que acumula las botellas de vidrio lleva las cajillas a Corn Island y compra otras cajillas rellenas.
Archibold, un hombre cincuentón que pasó treinta años en el mar como capitán de barco, se dio cuenta que el plástico salía muy lentamente y que es uno de los problemas más serios de la islita.
A unos 600 metros del muelle de Little Corn Island se localiza una bodega en la que se acumulan montañas de botellas plásticas vacías.
“Aquí nuestro mayor problema es el plástico”, grita Idalia Gutiérrez, dueña de una pulpería, como si se hubiera puesto de acuerdo con Archibold.
En la islita viven 1,300 personas que compran agua y bebidas gaseosas en botellas plásticas de todo tamaño.
Winston Downs, coordinador del Gobierno comunal y quien también comparte la preocupación con los otros habitantes de la Little, dice que sacar el plástico es uno de los retos que comparten con el GISRES (Gestión Integral y Sostenible de Residuos Sólidos) el proyecto de reciclaje y manejo de la basura que impulsa el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en tres municipios de la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur (RACCS).
En planes está adquirir una compactadora de plástico para sacar las botellas, pero también se está promoviendo entre la gente la idea de separar la basura y de ensuciar menos.
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La semana pasada hubo una marcha y un festival artístico que recorrió gran parte de los 2.5 kilómetros de la islita, y un festival en el que se exhibieron algunas ideas de reciclaje de plástico y otros desperdicios.
Algunos llevaron murales hechos con tapas de envases y restos de CD. Las candidatas a las fiestas por la emancipación de los esclavos, que se celebra con una tradicional sopa de cangrejo, vistieron trajes hechos con bolsas y trozos de plásticos.
Leontien Reedijk, holandesa que vive en la isla desde hace ocho años, llevó en su carretilla, fabricada con protectores de abanicos, los bolsos y bisuterías que ha hecho con telas de sombrillas dañadas y con bolsas de chiverías. También exhibió algunos bolsos confeccionados con pantalones y faldas en desuso.
PROPUESTA A COCA-COLA
Cuando tuvo la oportunidad de hablar en el acto del festival, Reedjik lanzó su propuesta a la transnacional Coca-Cola para que llegue a limpiar la islita.
La holandesa explica que casi todas las bebidas embotelladas en plástico, incluso las del agua, pertenecen a esta transnacional, por tanto, ellos podrían llevar un barco a la isla, llevarse el plástico y organizar un festival o una fiesta en la que declaren libre de plástico a la islita. “Todos ganarían”, dice Reedjik. La islita se quitaría el peso del plástico y la transnacional abonaría a su imagen en el país como una empresa comprometida con el medioambiente. La propuesta de Reedjik consigue muchos aplausos entre los isleños. Las autoridades de la isla también comulgan con la idea.
El principal ingreso de la islita en este momento es el turismo. Antes era la pesca pero ha ido en picada en los últimos seis años. Las autoridades locales están conscientes que el turismo que llega lo hace por la tranquilidad y la naturaleza.
LO LIMPIO ES MÁS RENTABLE
Downs, coordinador del Gobierno comunal, ha dicho que se busca promover un turismo “sostenible” y “amigable”.
En sintonía con eso, han decidido mantener la islita libre de vehículos automotores. Solo se permite la bicicleta —que no hay muchas— y a ciertas horas del día. La mayoría de los turistas andan a pie por la islita, incluso descalzos.
El Gobierno comunal también decidió no autorizar más negocios para disminuir la presión sobre el manto acuífero. Por ahora existen 16 establecimientos dedicados al turismo, entre hoteles y restaurantes.
“Ellos (turistas) quieren tranquilidad, buscan lo natural”, dice Archibold, quien montó su hotel hace 11 años, cuando decidió quedarse en tierra firme.
El excapitán de barco dice que las medidas sencillas que él implementa le han reportado más ganancias, porque cuando se compran envases plásticos se paga más.
“El vidrio es más barato, el plástico es más caro”, insiste Archibold, quien también aprovechó el festival para comentar estos cambios sencillos que ha implementado en su hotel. “Si aquí se mantiene limpio seguirán llegando turistas a la isla”, resalta el isleño con mucha seguridad.
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