Adolfo Acevedo Vogl (*)
En las próximas décadas la humanidad se enfrentará a desafíos y riesgos inéditos, y la suerte de cada país y los seres humanos que lo habiten dependerá de las acciones que desde ahora se adopten para hacerles frente.
El primer cambio inédito en la historia de la humanidad es el proceso de envejecimiento. En las próximas tres décadas la humanidad se habrá adentrado de lleno en una fase en la cual habrá muy pocos niños y cada vez menos jóvenes, y un número en ascenso de adultos mayores.
En este contexto de envejecimiento en los países desarrollados el propio crecimiento económico futuro se encuentra en cuestión, debido a la rápida declinación del crecimiento de la fuerza de trabajo, que en algunos países se ha tornado negativo, mientras la creciente desigualdad en la distribución del ingreso y el lento crecimiento de los salarios reales y de la población mantendría débil el crecimiento de la demanda, y de la inversión.
Se discute si la marcada tendencia a la declinación de la tasa de interés real sería un signo de que existe un exceso de ahorro a escala global, lo cual auguraría una tendencia al estancamiento económico secular debido a que la tasa de interés nominal no puede reducirse debajo de cero, hasta el punto en que sería necesario para que se equipare a la tasa que igualaría la tasa global de ahorro con la tasa de inversión.
En nuestros países el proceso de envejecimiento se está produciendo a un ritmo tres y cuatro veces más rápido que el observado en los países desarrollados, en los cuales este proceso tomó alrededor de un siglo. En el caso de Nicaragua, en solo tres décadas el país habrá ingresado en la fase de envejecimiento pleno, y en cuatro exhibirá un grado de envejecimiento similar al que muestran hoy los países europeos.
La única manera en que un número comparativamente cada vez más reducido de trabajadores podrá generar los recursos necesarios para sostenerse a sí mismos de manera digna, y a la vez sostener también niveles dignos de vida y atención en salud para el número creciente de adultos mayores, es si la economía del país se diversifica hacia actividades de mayor intensidad de conocimientos con importante potencial de crecer, difundir el progreso técnico y generar empleos de creciente productividad.
Para ello será indispensable adquirir la capacidad de asimilar, aprender a dominar, adaptar y eventualmente desarrollar el conocimiento y la tecnología: los países que no lo hagan serán incapaces de enfrentar estos desafíos monumentales y experimentarán un rezago que aumentará de modo geométrico.
Mientras tanto, antes de arribar a un máximo y comenzar a reducirse, la población mundial seguirá aumentando. Ello incrementará de manera importante la demanda de alimentos, agua y energía y otros recursos. Pero el mundo se enfrentará también a un creciente déficit de agua, que se verá agravado por la deforestación, la desertificación, la creciente inestabilidad climática, el desplazamiento de la actividad pluvial, el agotamiento de los acuíferos, la variabilidad de las estaciones y otros cambios climáticos extremos.
La producción de alimentos deberá hacer frente a estas condiciones de inestabilidad climática, y deberá crecer con base en el incremento significativo en los rendimientos y la intensidad del uso del suelo, antes que a la expansión del área, lo cual implicará necesariamente el uso del riego, haciendo el uso más eficiente de cada gota de agua.
Estos son apenas algunos de los principales desafíos, de una magnitud sin precedentes, que nuestro país, y la humanidad como un todo, deberán enfrentar. No existe otra alternativa que comenzar a tomar acciones, desde ahora, proporcionales a la magnitud de los mismos.
(*) Economista
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